miércoles, 26 de enero de 2022

 

El Bebé es mío

(Oyinkan Braithwaite)



El relato de Oyinkan Braithwaite, porque estamos ante un relato largo más que ante una novela, ofrece una sencillez manifiesta en su forma. Como sucediera en Mi hermana, asesina en serie, la obra pasa velozmente ante nuestros ojos, estructurada en capítulos muy cortos que construyen una historia bastante simple enmarcada en la rabiosa actualidad pandémica. Un hombre,Bambi; tiene una bronca con su pareja y esta le echa de casa. Sin saber a dónde ir, termina en la casa de su recientemente enviudada tía, Bidemi, quien comparte la vivienda con la ex-amante de su fallecido marido, Esobe. Entre las dos, cuidan de un bebé, Remi, del que ambas reivindican su maternidad.

Esta trama, a priori un tanto culebrón, se convierte en manos de la autora en una historia de misterio en la que hemos de intentar descubrir quién es la verdadera madre de ese niño. Al mismo tiempo que vemos ciertos comportamientos extraños en las dos mujeres, el ambiente enrarecido en esa casa se va alternando con algunas confesiones que se desvelan en el momento justo, lo que hace de la lectura una experiencia muy ágil e inmersiva pese a la aparente intrascendencia de la historia.

El arte de deslizar la verdadera naturaleza de sus personajes sin utilizar una sola palabra que la denote está muy presente en la escritura de Braithwaite, y tal vez en ello encontramos lo mejor de El bebé es mío. El juego de pequeños engaños y ambigüedades de cada uno de los tres personajes conforma el corazón de una novela que quizá brinda un regusto extraño en el lector por no dejar muy claro el mensaje que la autora quiere ofrecer. A ello contribuye la ubicación de la historia en plena época de pandemia y confinamiento como algo apenas anecdótico y que solo sirve para dar arranque a la trama. En realidad, da igual la época donde se enmarque esta historia, ya que al final lo que prima es el enfrentamiento entre tres caracteres que podrían simbolizar tres maneras muy distintas de ver la vida, una más anclada a la tradición, una a la deriva de la modernidad y otra que oscila entre ambas.

Al contrario que en su anterior novela, aquí no encontramos ese deje de crítica que nos descubre algunos aspectos de la sociedad sudafricana contemporánea. Sin embargo, entre líneas sí que podemos percibir cierto poso decadente que se evidencia tanto en el estado en que se encuentra la casa como en la propia obstinación de unos personajes que, cada uno a su manera, se empeñan en no querer ver la situación real de sus momentos vitales.

Sin que el misterio sea excesivamente potente ni la ambigüedad demasiado marcada, El bebé es mío tiene algo indefinible que atrapa. Quizá sea la propia casa donde transcurre la acción, que por momentos parece alzarse como el personaje de más entidad. Tal vez la presencia en segundo plano del tío fallecido y sus secretos. Tal vez una cierta indefinición que lo rodea todo y que nos insta a mirar con atención. Posiblemente sea eso, la continua transición de los espectros. 

Oyinkan nos hipnotiza de nuevo mediante capítulos cortos (2-3 páginas) en un intrigante misterio por el que pisaremos un terreno conocido por todos: el confinamiento. Un aura noir y de pura desconfianza que circula por el asfixiante hogar que los tres están obligados a compartir. Dentro de esta realidad tan cercana para nosotros, con esa imposibilidad de salir del hogar, el miedo de contraer la enfermedad y una crisis económica tensando el ambiente, las 96 páginas de El bebé es mío son ante todo una reflexión sobre la maternidad y la fidelidad ¿Es la maternidad o la paternidad un asunto sanguíneo, o de crianza?

Oyinkan, inspirada directamente en la batalla de las dos mujeres durante los juicios del rey Salomón, pero situada en nuestro presente más directo: un Lagos confinado por la COVID-19. Una historia corta de infidelidades, dudas, maternidades y, sobre todo, con un ritmo trepidante que te hará devorar sus páginas de una sentada 

 

 

 

Mi hermana asesina en serie

(Oyinkan Braithwaite)





Me ha sorprendido el estilo de esta autora por su originalidad a la hora de tratar temas tan escabrosos como el de los asesinatos en serie. Aunque teniendo en cuenta que la asesina en serie es la hermana de la protagonista, esta trata el asunto con más consideración y familiaridad que si fuera una desconocida cualquiera.

La novela está estructurada en capítulos titulados por una palabra que hace referencia al contenido de los mismos. De esta manera Korede nos introduce en su historia familiar y lo que es más importante la relación de complicidad con su hermana asesina en serie.

Ayoola, la hermana de Korede, tiene un serio problema con sus novios: cuando se cansa de ellos, cuando le decepcionan, o a veces sin motivo aparente, los mata. Ya lleva tres, lo cual la convierte en una asesina en serie. La única que lo sabe es Korede, que movida por un amor fraternal cada vez más en el alambre, ha ayudado a Ayoola a eliminar pistas, cubrir sus pasos y, en definitiva, evitar que se descubra que aquellas misteriosas desapariciones de hombres jóvenes que se están produciendo en Lagos llevan su marca letal. Por si la situación no fuera suficientemente complicada, Korede contempla horrorizada cómo su hermana empieza a salir con el hombre de sus sueños, el médico del hospital en que trabaja como enfermera, por lo que deberá replantearse su rol de cómplice, si no quiere que este triángulo amoroso termine en un baño de sangre.

A partir de estas dos hermanas peculiares, con personalidades opuestas y maneras muy distintas de integrarse en la jerarquía social -Korede representa el esfuerzo, el control, el respeto a las normas; Ayoola es anárquica, visceral, irresponsable, pero libre-, Oyinkan Braithwaite ha construido una trama negra tanto en su sentido del humor como en su vibrante desarrollo a la manera de thriller, situado en una Nigeria de principios de siglo XXI tan dinámica como peligrosa en este momento de cambios económicos y demográficos de la nueva África.

La joven escritora Oyinkan Braithwaite, desliza agudas reflexiones sobre el poder de la consanguinidad, las relaciones tóxicas y las posibilidades reales de comprensión y convivencia pacífica entre mujeres y hombres.

Si tuviéramos que poner un “pero” a la historia, éste sería el que no existe un auténtico personaje masculino verdaderamente bien perfilado. El fallecido pater familias era un monstruo; los policías (y los hombres en general) son unos idiotas babeantes que no pueden pensar con claridad en cuanto Ayoola les pone morritos; Muhtar, el paciente en coma de la habitación 313, es el consejero de Korede, pero poco más; y el principal foco de tensión entre las hermanas, el atractivo doctor Otumu, es o bien un objetivo idealizado por Korede o bien, una vez conoce a Ayoola, lo que alguien podría calificar como un “calzonazos”. Esto es más bien una necesidad narrativa, puesto que todos estos personajes tienen un fin determinado en la narración y estos rasgos de carácter potencian lo que la autora quiere contar, sin que dejen de parecernos personajes creíbles y necesarios en el gran esquema final.

Estoy de acuerdo con la autora que opina que el humor es una forma excelente de expresar un punto de vista sin parecer moralista.

Braithwaite nació en Lagos en 1988 y luego pasó la mayor parte de su infancia en el Reino Unido cuando su familia se mudó a Southgate, en el norte de Londres.  Tuvo su educación primaria en Londres y luego regresó a Lagos cuando nació su hermano en 2001. Estudió derecho y escritura creativa en la Universidad de Surrey y la Universidad de Kingston antes de regresar a Lagos en 2012. 

Ha trabajado como editora asistente en la editorial Kachifo y como gerente de producción en Ajapa World, una compañía de educación y entretenimiento. 

Mi hermana, asesina en serie ha sido galardonada con el premio Anthony a mejor debut.

jueves, 30 de enero de 2020

Mujeres que compran flores 
(Vanessa Monfort) 

Es un libro que ayuda a quererte.
En un pequeño y céntrico barrio de la ciudad hay cinco mujeres que compran flores. Al principio ninguna lo hace para sí misma: una las compra para su amor secreto, otra para su despacho, la tercera para pintarlas, otra para sus clientas, la última... para un muerto. La última de estas mujeres es Marina, y esta es su historia. Después de la pérdida de su pareja, Marina se da cuenta de que está totalmente perdida: había ocupado el asiento del copiloto durante demasiado tiempo. Buscando empezar de cero acepta un trabajo provisional en una curiosa floristería llamada El Jardín del Ángel. Allí conocerá a otras mujeres muy diferentes entre sí, pero que, como ella, se encuentran en una encrucijada vital con respecto a su trabajo, sus amantes, sus deseos o su familia. De la relación entre ellas y Olivia, la excéntrica y sabia dueña del local, surgirá una estrecha amistad de la que dependerá el nuevo rumbo que tomarán sus vidas.
Cada una de las mujeres que aparecen en la novela va a vivir su propia transformación cual crisálida para descubrir no solo quiénes son sino qué mujeres quieren ser.
Un lema reina entre las páginas del libro: “Vivir es un tema urgente” 
Las tramas que se tejen quedan perfectamente resueltas y con un brillo de fuerza y energía positiva brutal. Podemos ser quienes queramos ser cuando dejamos el miedo en la puerta y nos convenzamos de que somos libres de elegir.
Una historia de amistad pero también de esperanza y de nuevos sueños que cumplir. Una aventura cotidiana en busca de la independencia femenina, un épico viaje al centro de los sueños de la mujer contemporánea. Una lectura mágica y muy especial.
Las mujeres que compran flores son:
 Marina
Sufre el síndrome del copiloto: siempre ha dependido de que su pareja le marque el rumbo de su vida. Su flor es la violeta, que simboliza la humildad y la timidez, pero también la confianza en sí misma que debe ganarse. Tiene que tirar las cenizas de Oscar en Tanger y le aconsejan hacer el viaje en solitario en su barco “Peter Pan”.
 Casandra
Padece el síndrome de la superwoman: antes que depender de nadie se aplicaría la eutanasia activa. Prioriza su éxito profesional sobre su vida personal, en el caso de tenerla. Su flor es la orquídea azul, símbolo del relax que le falta.
 Gala
Representa el síndrome de Galatea: cree firmemente que la mujer tiene hoy todos los derechos. Todos salvo el de envejecer. Su flor es el lirio blanco, símbolo de una coquetería que no se marchita hasta morir. Aurora Encarna el síndrome de la bella sufriente: confunde el amor con la obsesión. Es decir, cuanto más dolor más enamorada se siente. Su flor es la caléndula, la flor de la pena. Pero también es símbolo de la crueldad que no se atreve a devolver, ni siquiera en pequeñas dosis, para defenderse.
 Victoria
Una de esas mujeres que han decidido poder con todo -la mejor madre, la mejor trabajadora, la mejor hija-, o dicho de otro modo, las que tienen el síndrome de la omnipotente. Su flor es la del membrillo, la flor de la tentación. La tentación de romper con todo y liberarse.
La que se las vende:
Olivia:
Su superpoder era que sabía ver dentro de las personas y las ayudaba a transformarse. Como Mary Poppins personaje redicho y algo borde que llega a la vida de la gente con la misión de mejorarla. Por la libertad de su pensamiento, porque parecía tener todas las respuestas, era la mujer que todas queríamos ser. “Una persona que no se ama a sí mismo, no sabe amar en absoluto”.
“El amor es una enfermedad cuando se pierde y una cura cuando se tiene”
“El miedo nos hace perder las oportunidades más interesantes y bonitas de nuestra vida”.
“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”
“La única forma de huir del dolor es pasarlo y para la incertidumbre, avanzar”
La autora aparece al final del libro sorprendiendo a Olivia y a Marina en el jardín de las flores, para ella quiere “rosas azules”, símbolo de la eternidad, son rosas de ficción, artificiales, creadas por el hombre. Agradecimientos:
A mi madre viento fuerte que empujó este barco en medio de la noche.
Vanessa Montfort (Barcelona, 1975), es novelista y dramaturga, y está considerada una de las voces destacadas de la reciente literatura española que ha traspasado nuestras fronteras. Licenciada en Ciencias de la Información, ha publicado El ingrediente secreto (XI Premio Ateneo Joven de Sevilla, 2006. Algaida Editores); Mitología de Nueva York (XI Premio Internacional de Novela Ateneo de Sevilla, 2010. Algaida Editores); La leyenda de la isla sin voz (Premio Internacional Ciudad de Zaragoza a la mejor novela histórica publicada en 2014. Plaza y Janés, 2014), y Mujeres que compran flores (Plaza y Janés, 2016), que se ha convertido en un fenómeno literario internacional, ha triunfado en España, Italia y Latinoamérica y cuyos derechos han sido vendidos a Estados Unidos, Francia, Portugal, Alemania, Noruega, Corea y Bulgaria, entre otros países. Su última novela es El sueño de la crisálida (Plaza y Janés, 2019).
Dentro de su variada obra teatral destacan Flashback, La cortesía de los ciegos y Tierra de tiza, escritas para el Royal Court Theatre de Londres; La Regenta, versión libre de la novela de Clarín (Teatros del Canal, 2012); El galgo (Fundación SGAE, 2013); Sirena negra, llevada al cine por Elio Quiroga (Festival de Sitges, 2015); El hogar del monstruo (CDN, 2016), o Firmado Lejárraga (Centro Dramático Nacional, 2019) en la que recupera la figura de María Lejárraga, la primera dramaturga española, cuyos textos fueron firmados por su marido.
La humanización de las ciudades, el lirismo, la teatralidad de los diálogos y el dibujo de los personajes y sus conflictos -espejo de la actualidad con un pie en lo extraordinario- convierten sus obras en una montaña rusa emocional protagonizada por personajes inolvidables.

domingo, 19 de enero de 2020

SOSTIENE PEREIRA 
(Antonio Tabucchi) 


Es una historia que transcurre en el país vecino. En ella se narra la Lisboa de 1938, tiempos de cruel dictadura de Salazar y por tanto muy represiva. En la vecina España, se vive y se padece una guerra civil, los rebeldes levantados contra el Gobierno legítimo de la República ganan terreno, más de media geografía se encuentra bajo su dominio, y un año después del inicio de su “marcha triunfal” implantaría la dictadura totalitaria del nacionalcatolicismo en todo el territorio, con lo que se inicia la mordaza que duró cuarenta años.
El conmovedor protagonista Pereira, es un periodista modesto al que se le ha encargado la elaboración de las páginas de cultura de un periódico vespertino de poca tirada con la cabecera de Lisboa porque se edita en Lisboa. Y era una tarde soleada cuando Pereira se encuentra en la redacción del periódico, leyendo una revista católica, cuando se fija en un artículo que trata sobre el alma y la muerte escrito por un italiano, y como Pereira es católico practicante muestra su interés por el tema, por lo que todo es terminar su lectura, cuando decide hablar por teléfono con el autor.
Lo hace y quedan para verse en la Plaza de la Alegría donde hay un baile popular. Así comienza esta excelente historia del pasado siglo, donde el personaje principal, Pereira, periodista modesto, creyente y apolítico, entrará en todo un proceso de cambio, toma de conciencia. Le hace como sentirse culpable de algo que no ha hecho, puesto que anteriormente a la lectura de la novela lo había mirado con indiferencia porque esas cosas de las dictaduras y las guerras nunca correspondieron a su pasividad y el recuerdo perenne y fiel recuerdo de su esposa fallecida. Es este el punto de encuentro con el que se inicia una intensa relación entre el viejo y distraído periodista, el joven filósofo italiano y su novia Marta, relación que a medida que avanza la narración despertará pasión, cariño y una clara toma de conciencia que transformará totalmente la vida de Pereira.
El personaje lo ocupa todo desde la ternura, humanidad, vulnerabilidad y su continuo monólogo de hombre solitario que consulta con el retrato de su mujer desde lo cotidiano hasta los problemas de asuntos difíciles y cruciales, situaciones que van surgiendo. Así toma altura de criterios, ternura y conmoción, al verse inmerso en un mundo que siempre logró evitar, contemplarlo desde fuera parapetado en su indolencia y la tristeza de su soledad.
Con esta novela Tabucchi dio varios puñetazos en la mesa:
El primero fue reivindicar el papel del periodismo y la opinión pública en tiempos de opresión: «el país callaba, no podía hacer otra cosa sino callar».
El segundo propósito fue cuestionar el carácter político de la cultura. Con Pereira recorremos Lisboa, aprovecha Tabucchi estos paseos para hacer patente la violencia intrínseca a toda sociedad desorientada y cómplice de una moral corrompida que es hija de su política: «Esta ciudad apesta a muerte, toda Europa apesta a muerte». En verdad no nos queda tan lejos. Sin embargo, el amor que Tabucchi siente por Portugal (a la sazón tenía la doble nacionalidad italo-portuguesa) hace que el terrible aroma del pánico político quede relegado a un —muy fino— segundo plano.
El nudo central del relato es la muerte. Y Pereira se siente presa de ella. Por varias razones: su padre tenía una agencia de pompas fúnebres, su mujer murió de tuberculosis y «él estaba gordo, sufría del corazón y tenía la presión alta, y el médico le había dicho que de seguir así no duraría mucho». Razones que lo acongojan de una manera silenciosa, semejante a sus paseos, cavilantes y meditabundos. Sin embargo la sangre llama a la sangre, y un joven rutilante llamado Monteiro Rossi capta la atención de Pereira por un artículo sobre la muerte que éste azarosamente ha leído en una revista. Aunque Tabucchi hubiera querido hacer pasar a su protagonista por alguien desdeñoso o tal vez indolente, la curiosidad de Pereira por el joven se acrecienta. Algo lo incita. Necesita redactores que se ocupen de la sección más fúnebre del suplemento: los obituarios. Pereira considera que la excelencia informativa de un periódico de la envergadura del Lisboa estriba en la inmediatez. Por eso se cita con Rossi, le infunde curiosidad que alguien tan joven esté interesado por la muerte; pero el muchacho, que se muestra desorientado, confiesa que ese artículo forma parte de una tesina y que ésta es un plagio. Sólo la fresca y huracanada aparición de Marta, la novia de Rossi, consigue oxigenar el aturdimiento de Pereira. El tiempo revelará que la colaboración con Monteiro Rossi es un completo desastre, pero asistimos aquí al inicio de la paulatina conversión de Pereira. Todos sus textos son impublicables pero sin embargo Pereira no los desestima, los guarda una y otra vez en la misma carpeta. Podría haberlos tirado, lo dice, pero no lo hace. Como si incluso siendo indignos sintiera que debe protegerlos de algo que desconoce o, de otro modo, como si en realidad no fueran tan indignos o si lo que se opusiera entre ellos no fuera la cultura, sino una postura política. Pereira entretanto se dirige a las termas de Buçaco, donde Silva, un amigo de la universidad, espera su llegada. Entonces Pereira pronuncia quizá la declaración más fulgurante de la novela: «Pero yo soy un periodista, repuso Pereira. ¿Y qué?, dijo Silva. Que tengo que ser libre, dijo Pereira». Es de una rotundidad tan aplastante que todo lo que quisiera añadir, sobra. A ello le siguen algún tenso episodio con el director —«Rilke, dijo el director, su nombre me suena»—, una plácida estancia en la clínica talasoterápica de Parede, la decisiva presencia del doctor Cardoso (en verdad un filósofo afrancesado que respalda sus inquietudes y acaba restituyendo su confianza) y sobre todo la evanescente irrupción de una mujer que sostiene entre sus manos un libro de Thomas Mann y que termina por infundir en Pereira el deseo de hacer algo con su vida.
Es evidente que la infructuosa relación con Monteiro Rossi no ha sido todo lo catastrófica que pensaba. Esta singular amistad abre a Pereira la puerta de las expectativas a una nueva vida de lucha y libertad. Para él es un renacimiento. Sucede que ahora, al contrario de como había vivido hasta el momento, se siente en pugna directa contra el salazarismo, el Estado Novo o cualquier forma de vasallaje político y cultural.
El final se resuelve en una serie de circunstancias que dan al traste con la vida de Monteiro Rossi y lo relacionan con la Guerra Civil española. Una tragedia funesta. Y casi también la de Pereira, porque encubrir a subversivos en tiempos de orden y totalitarismo, bien vale una paliza que literalmente le rompa a uno la cabeza. Pero aún tiene una salida, Pereira sí. Recuerda repentinamente a aquella mujer que leía a Thomas Mann y hace la maleta, no sin antes enviar un artículo incendiario que, gracias a un ardid tramado con la ayuda del doctor Cardoso, logra burlar la censura. El artículo se titula “Asesinato de un periodista” y será la vergüenza del salazarismo. Es la venganza que Pereira ha de cobrarse por la muerte impune de Monteiro Rossi. Coge el retrato de su mujer, que coloca boca arriba para que respire, y se marcha. Sólo ella es testigo de su transformación.
Tabucchi se basó un hecho real acaecido en 1992, la muerte de un periodista que conoció en París en calidad de exiliado. Tal vez para él la literatura era un soliloquio, un monólogo interior.
Pereira no habla, ni tan siquiera piensa en sentido estricto, sino que declara, de ahí el título. El vocablo sostener, que vale por reafirmar, tiene también el valor de un declarar enfático.
Y detrás de todo esto, el testamento proliterario: «La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad».
El resultado es que Pereira comienza obsesionado por la muerte y termina seducido por la vida, el reverso de la vida de Monteiro Rossi. Lo mismo que los separaba al principio, acaba uniéndolos al final. Como consecuencia de ello Rossi es asesinado. Pero Pereira huye de Portugal. Incitado por la inmediatez, atrás lo deja todo: el periódico, sus recuerdos en Coimbra, el doctor Cardoso, su Lisboa natal, pero también un régimen patrio y biempensante cuyos mecanismos de opresión le han empujado a descubrir el valor de la vida.
Una novela que, más que una novela, puede ser entendida como el testamento de un escritor militante, amante de la libertad, y amante del mundo.
SOBRE EL AUTOR ANTONIO TABUCCHI
El novelista italiano enamorado de Pessoa, de Lisboa, de Portugal y de la lengua portuguesa, nació en Pisa en 1943, en plena guerra mundial y conservó siempre la misma casa de infancia de la Toscana. Conocido sobre todo por sus trabajos sobre el escritor portugués Fernando Pessoa, enseñó Lengua y Literatura Portuguesa en la Universidad italiana de Siena, interés que le vino desde su juventud cuando, de viaje por París, encontró el poemario Tabacaria del poeta portugués. Como novelista, alcanzó el éxito con Sostiene Pereira, que fue adaptada al cine y protagonizada por Marcello Mastroianni, al igual que otra de sus obras, Réquiem. Sostiene Pereira obtuvo, además, el Premio Campiello, el Scanno y el Jean Monnet. Fue galardonado asimismo por su novela Nocturno Hindú, con el premio francés Médicis étranger; y con el premio español de periodismo Francisco Cerecedo. Escritor comprometido, consiguió con su novela La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (1997) la revisión del caso que aparecía en la obra, resolviendo el asesinato de un ciudadano portugués. Tabucchi también practicó el género epistolar, como demuestra su compendio de cartas sin destinatario: Se está haciendo cada vez más tarde (2001). Colaboró con diversos medios de comunicación, entre ellos Corriere de la Sera y el diario El País. Tabucchi falleció el 25 de marzo de 2012 a los 68 años.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Mapa Secreto del Bosque 
(Jordi Soler) 


Navegar, escribió el poeta Fernando Pessoa, es preciso. Y andar, recorrer, desplazarse; salir del centro de gravedad (o esa zona de confort, como se proclama ahora) para regresar, después, convertido en otro, o en el mismo, también, parece, lo es. Ése es el punto desde el que parte Jordi Soler en este «Mapa secreto del bosque», que propone un recorrido íntimo y personal por ese territorio, el bosque, en cuyo centro, como bien lo describió María Zambrano en un ensayo, hay siempre un claro. 
En la portada ya llaman la atención del lector presentando el libro como un ensayo de combate para ver más allá de lo inmediato. Todo un reto, ya anuncian que el recorrido que vamos a realizar a través de la obra de Jordi Soler va a ser original y diferente. 
El mapa secreto del bosque sirve para encontrar la otra realidad del bosque, y de las criaturas que lo habitan, como lo han hecho durante siglos sabios orientales, filósofos, poetas y novelistas, doctores mesméricos (personas capaces de curar a su prójimo usando el hipotético «magnetismo animal). 
Las lecturas que lo acompañan durante el recorrido son muchas y variadas: Edgar Allan Poe, Demócrito, Ernst Jünger, Carlos Castaneda, Henri Bergson, Walt Whitman, Emil Cioran, Parménides y C. G. Jung entre otros. Pero no es, sin embargo, la erudición la que sostiene esta azarosa y agitada andadura. Es la reflexión constante, permanente, el dejarse llevar por una zona donde la realidad resulta más elástica. O, como dice el propio Soler en un momento del libro: «Lo ideal es desplazarse dentro de esa órbita, recorrerla y explorarla a fondo, abrazar el sistema dentro del cual vivimos y descubrir que el verdadero viaje, el que de verdad ilustra, es el que hacemos alrededor de nuestra casa». 
Jordi Soler propone una reflexión, un mapa, sobre esa zona de la realidad que el siglo XXI empieza a difuminar. Es la aventura de un novelista que se echa a caminar, con su perro, para buscar la otredad en el mundo de todos los días, como sugería Octavio Paz, aprovechando los instrumentos que están al alcance de cualquiera, el desplazamiento, la poesía, la música, el abrazo, el emboscarse, refugiarse en el bosque para regresar, brevemente y de manera cotidiana, a esa criatura cósmica que, a pesar de la revolución tecnológica que ha transformado nuestras costumbres, no hemos dejado de ser. 
Llama la atención el dibujo de la portada “La carretera de los desplazados”. 
Un precioso reencuentro con la sencillez y un recordatorio de la importancia de ver, presentir e imaginar. 


Jordi Soler es autor de diez novelas, traducidas a varias lenguas, y de libros de cuentos, de ensayo y de poesía. Desde Bocafloja, su primera novela, se convirtió en una de las voces literarias más importantes de su generación. La Casa de las Culturas del Mundo (Haus der Kulturen der Welt) en Berlín, elaboró un perfil sobre su obra donde dice: “Más que cualquier otro de los escritores de su generación, Soler ha conseguido un estilo propio, altamente visual, en su prosa y su poesía”. 
Durante los últimos diez años del siglo XX, de manera paralela a su trabajo de escritor, hizo programas de música y literatura en dos de las estaciones de radio más influyentes de México. Luego fue diplomático en Irlanda y ahora vive en Barcelona, la ciudad que abandonó su familia después de la Guerra Civil, donde trabaja en su siguiente novela y en artículos que publica en diarios y revistas. Es caballero de la irlandesa Orden del Finnegans y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Distintas formas de mirar el agua 
(Julio Llamazares) 


En 1968 se llenó el embalse del Porma y anegó los pueblos leoneses de Vegamián, Campillo, Ferreras, Quintanilla, Armada y Lodares. En aquel año, Julio Llamazares tenía nueve de edad, era hijo del maestro de Vegamián y fue de los primeros en abandonar la zona en pos del nuevo destino de su padre. Los personajes de su novela,”Distintas formas de mirar el agua”, proceden de Ferreras y fueron de los últimos en salir: como todos los vecinos, fueron realojados, muy lejos de allí, en la comarca palentina de Tierra de Campos, donde ese mismo año de 1968 se completó la desecación de la laguna de la Nava y se construyó uno de aquellos “pueblos de colonización” —Cascón de la Nava— que el franquismo declinante seguía presentando como una de sus grandes conquistas sociales. Para todos los habitantes, aproximadamente 800, supone terminar una vida y comenzar otra nueva. Esta historia ya sólo se recuerda en la nostalgia, según la forma que cada uno tenga de mirar el agua.
Ahora, en el año 2014, esta novela cuenta el último regreso de una familia a la vista del agua que cubrió sus tierras para arrojar allí las cenizas de quien fue marido, padre, suegro o abuelo de todos ellos.
Ahora quienes monologan son los descendientes de Domingo, el expulsado de Ferreras. Los yernos y los nietos miran el nuevo paisaje con admiración. “La verdad es que es maravilloso”, empieza Miguel, su yerno. Pero Elena, su nuera, o María Rosaria, novia de un nieto, sienten que “sobrecoge este paisaje sin alma”, o que aquella belleza tiene algo de “siniestro”. A Teresa, la hija mayor, le fastidia en el fondo esa actitud admirativa: “Algunos exclaman mientras lo contemplan: ¡Qué bonito! Y qué triste, añado yo”. Y es que varios de los visitantes recuerdan otro viaje, cuando acudieron a ver las ruinas de los pueblos —cubiertas de fango— en ocasión de un desembalse. En alguno se advierte la mala conciencia: en José Antonio, el hijo que se estableció en Barcelona; también en Virginia, la hija que se hizo maestra, estudió fuera del pueblo y también le fue mal en su matrimonio. En otros, predomina un cierto rencor por la vida perdida, como sucede a Teresa, la hija mayor; Jesús, uno de los nietos, no entiende la fijación en el pasado, esa “negatividad” que en la vida de su abuela “guía todas sus actuaciones”, mientras que Daniel, el nieto que se hizo ingeniero de caminos, dedica buena parte de su monólogo a justificar la inevitabilidad de la destrucción del pasado en función del porvenir. Sólo la viuda de Domingo, el patriarca familiar, no mira el paisaje: sólo se ve a sí misma, a su marido, al afán de aquel tiempo en que “íbamos de un lado a otro gastando nuestras fuerzas y la vida en el trabajo de volver aquí”.
Julio Llamazares dice que la novela es una novela, es una ficción, pero los escenarios no. O mejor, gracias a la ficción vuelven a vivir, como sucede a veces con las personas. Como en las tragedias griegas, los personajes son siempre máscaras del autor, formas de mirar el agua y, detrás de ésta, el mundo y la vida.
El autor rescata este desarraigo de su memoria cuando Riaño corrió la misma suerte, en 1987, y se identificó con sus vecinos y antes en el año 1983 , cuando un vaciado del embalse para revisar la presa permitió pasear de nuevo por las calles del pueblo, volver a las calles donde se crió fue todo un ejercicio de nostalgia. Todo este impacto es el que intenta plasmar Llamazares en esta novela, pero no con una voz única, sino sirviéndose de distintos enfoques. Realiza un ejercicio de memoria, atrapa recuerdos para que no se pierdan. Julio Llamazares reconoce hacer literatura para sentir y pensar, para hacer pensar y sentir a sus lectores, porque le interesan más los sentimientos de las personas, en especial de aquellas personas cuyos sentimientos no importan a nadie, es el caso de los personajes de la novela. Considera que una de las labores de los escritores es prestar la voz a aquellos que la sociedad no se la da.
Para este escritor leonés el paisaje no es un elemento externo, al contrario es un elemento interno que nos condiciona, y como la lengua materna nos conduce al habla, el paisaje materno nos enseña a mirar el mundo, en su caso un mundo inconcreto, una sensación más que un territorio, una forma de ver más que una patria. Afirma que la memoria histórica de un país es su arte, su literatura, es lo que va a quedar en el tiempo, y esa es la responsabilidad de los escritores, dejar memoria de lo que sucedió mientras ellos vivían, no cambiar la realidad, ser testigos de su tiempo y del lugar en el que vivieron.
La novela es un homenaje a todas las personas que vivieron todo esto.
Siempre se puede volver a un recuerdo
Siempre hay sombras bajo el agua que asemejan un pasado y
Siempre tendremos distintas formas de mirarlas.
Julio Alonso Llamazares nace en Vegamián (León), en 1955. Licenciado en Derecho, pronto se traslada a Madrid para dedicarse al periodismo. Publica muy joven sus primeros versos. En 1985, aparece su primera novela, "Luna de Lobos", finalista del Premio Nacional de Narrativa, posteriormente convertida en guión cinematográfico. En 1988, publica "La lluvia amarilla", una de sus obras más emblemáticas, finalista también del Premio Nacional de Narrativa. En ella, el lector asiste al monólogo alucinado del último habitante de un pueblo abandonado. Su obra se caracteriza por una peculiar voz narrativa impregnada de tintes poéticos que evoca la desaparición de un determinado modo de vida rural y de sus paisajes. Colabora habitualmente como crítico literario en prensa escrita y otros medios de comunicación.
Otra obra suya es Escenas de cine mudo, de 1994
En 2016 quedó finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León con su novela Distintas formas de mirar el agua. Antes de que se fallara el premio, emitió un comunicado anunciando que no aspiraba a él y que lo rechazaría en caso de que le fuera concedido, En convocatorias anteriores (2014), ya había sido candidato a ese mismo premio con Las lágrimas de san Lorenzo, sin obtenerlo.

jueves, 17 de octubre de 2019

Beatriz y la loba 
(Concha López Llamas) 

La agresión que el hombre ha ejercido, desde siempre, hacia la mujer y hacia la naturaleza provocó, en el pasado siglo, el surgimiento de movimientos como el Feminista y el Ecologista que, en buena parte, han caminado separados hasta nuestros días. El Ecofeminismo, donde ambas teorías dialogan e interaccionan, permite reinterpretar la naturaleza humana y, desde ahí, ponerla en relación con la del resto de las especies de la Tierra.  La novela “Beatriz y la loba” permite al lector-a aproximarse al pensamiento ecofeminista.
En esta novela Beatriz, una joven zamorana y Oak, una lobezna nacida en la Sierra de la Cabrera, pierden a la vez los sustentos necesarios para la vida: hábitat, familia, alimento y trabajo. En sus trayectos vitales que realizan para sobrevivir, se van definiendo aspectos esenciales de la cultura de cada especie y de los efectos generados por la interacción de ambas. La obra plantea los temas de la violencia del hombre sobre las mujeres y de la especie humana (especialmente de los varones) sobre los lobos.
En “Beatriz y la loba” se habla del poder terapeútico de la naturaleza, que repara el daño que produce en Beatriz su marido, Santiago, y de manera progresiva, proporciona seguridad a la protagonista humana de la novela. La loba, como parte integrante del reino animal y natural, servirá a Beatriz de referencia y la ayudará a identificarse e integrarse en el mundo natural y animal. Al principio su marido la asociará a la loba disecada, sumisa y a lo largo de la novela, y al final se identificará con Oak, la loba natural y salvaje. La loba y sus amigos, Manuel y Lucia, le proporcionarán la fuerza y el aplomo necesario para enfrentarse a su situación.
El momento en que Beatriz y la loba se encuentran y reconocen define todo el propósito de esta obra;
-Eres la que recorres en mi territorio sin ansia de destruirlo, recargándote cada amanecer con la energía que nutre los bosques y da vida a los ríos. (Oak)
-Te busco cada día, compañera, para aprender a sentirme libre como tú, resistente como tú, salvaje como tú. (Beatriz)
Es además un libro con el que aprender de lobos y sobre todo, de humanos. El transcurrir de dos historias paralelas facilita las comparaciones entre los comportamientos de ambas especies e invita a la reflexión. Los lobos y los humanos somos muy parecidos, quizás demasiado. En el lobo vemos reflejado lo mejor de nosotros, lo mejor de lo que podríamos ser y que no somos. En realidad, los lobos nos recuerdan nuestras miserias, nuestras cobardías, nuestras vilezas y nuestro egoísmo. Por eso y sólo por eso, el hombre es tan violento, perverso y cruel con el lobo. Ojalá el hombre fuese un lobo para el hombre y retomando las historias paralelas que cuenta la novela, ojalá también fuera un lobo para la mujer.
Concha López Llamas nos muestra la cultura humana y del lobo de manera alterna e hilvanando ambas de manera sutil. Pretende mostrar una concepción ecológica de la vida donde ningún ser vivo está de más y por ello debe ser respetado y no sometido a dominación. Reivindica la necesidad de recuperar lo salvaje, condición que hemos perdido con el sedentarismo y con una forma de organización basada en el sometimiento o la domesticación hace más de 10.000 años, y recuperarlo sobre todo, para las hembras humanas, dominadas por el poder del macho-patriarca.
La autora quiere mostrar la confianza en el poder revitalizador de la energía amorosa, cuando fluye entre los integrantes de una familia, un grupo o una manada frente a la violencia y la agresividad alimentada por el individualismo y aislamiento. No olvidemos que Santiago para tener controlada a Beatriz la obliga a recluirse en casa, aislada de toda posible compañía e influencia.
Quiere retomar el pasado en lugar de enterrarlo, para que desde él sigamos proyectándonos hacia delante, fortaleciendo idiosincrasias varias, personales y culturales, expresadas a través de vocablos propios y comportamientos singulares desarrollados en cada entorno. Plantea también una reivindicación del mundo rural, que incluye todo un trabajo de recogida del habla local de la comarca de La Carballeda, que se integra en el texto de la novela y clarifica con notas a pié de página. En el libro se hacen uso de más de 200 palabras propias de la esta comarca y otras limítrofes.


Cocncha López Llamas es bióloga, catedrática de Ciencias Naturales en Educación Secundaria y reconocida educadora ambiental. Nació en Madrid hacia mediados del siglo XX, pero sus raíces familiares se encuentran en la comarca zamorana de La Carballeda, donde se desarrolla esta novela. Anteriormente ha publicado “Bajo el dominio del Río Negro” (2011) y La piel restaurada. Su última novela “Espejo lobo”.