domingo, 19 de enero de 2020

SOSTIENE PEREIRA 
(Antonio Tabucchi) 


Es una historia que transcurre en el país vecino. En ella se narra la Lisboa de 1938, tiempos de cruel dictadura de Salazar y por tanto muy represiva. En la vecina España, se vive y se padece una guerra civil, los rebeldes levantados contra el Gobierno legítimo de la República ganan terreno, más de media geografía se encuentra bajo su dominio, y un año después del inicio de su “marcha triunfal” implantaría la dictadura totalitaria del nacionalcatolicismo en todo el territorio, con lo que se inicia la mordaza que duró cuarenta años.
El conmovedor protagonista Pereira, es un periodista modesto al que se le ha encargado la elaboración de las páginas de cultura de un periódico vespertino de poca tirada con la cabecera de Lisboa porque se edita en Lisboa. Y era una tarde soleada cuando Pereira se encuentra en la redacción del periódico, leyendo una revista católica, cuando se fija en un artículo que trata sobre el alma y la muerte escrito por un italiano, y como Pereira es católico practicante muestra su interés por el tema, por lo que todo es terminar su lectura, cuando decide hablar por teléfono con el autor.
Lo hace y quedan para verse en la Plaza de la Alegría donde hay un baile popular. Así comienza esta excelente historia del pasado siglo, donde el personaje principal, Pereira, periodista modesto, creyente y apolítico, entrará en todo un proceso de cambio, toma de conciencia. Le hace como sentirse culpable de algo que no ha hecho, puesto que anteriormente a la lectura de la novela lo había mirado con indiferencia porque esas cosas de las dictaduras y las guerras nunca correspondieron a su pasividad y el recuerdo perenne y fiel recuerdo de su esposa fallecida. Es este el punto de encuentro con el que se inicia una intensa relación entre el viejo y distraído periodista, el joven filósofo italiano y su novia Marta, relación que a medida que avanza la narración despertará pasión, cariño y una clara toma de conciencia que transformará totalmente la vida de Pereira.
El personaje lo ocupa todo desde la ternura, humanidad, vulnerabilidad y su continuo monólogo de hombre solitario que consulta con el retrato de su mujer desde lo cotidiano hasta los problemas de asuntos difíciles y cruciales, situaciones que van surgiendo. Así toma altura de criterios, ternura y conmoción, al verse inmerso en un mundo que siempre logró evitar, contemplarlo desde fuera parapetado en su indolencia y la tristeza de su soledad.
Con esta novela Tabucchi dio varios puñetazos en la mesa:
El primero fue reivindicar el papel del periodismo y la opinión pública en tiempos de opresión: «el país callaba, no podía hacer otra cosa sino callar».
El segundo propósito fue cuestionar el carácter político de la cultura. Con Pereira recorremos Lisboa, aprovecha Tabucchi estos paseos para hacer patente la violencia intrínseca a toda sociedad desorientada y cómplice de una moral corrompida que es hija de su política: «Esta ciudad apesta a muerte, toda Europa apesta a muerte». En verdad no nos queda tan lejos. Sin embargo, el amor que Tabucchi siente por Portugal (a la sazón tenía la doble nacionalidad italo-portuguesa) hace que el terrible aroma del pánico político quede relegado a un —muy fino— segundo plano.
El nudo central del relato es la muerte. Y Pereira se siente presa de ella. Por varias razones: su padre tenía una agencia de pompas fúnebres, su mujer murió de tuberculosis y «él estaba gordo, sufría del corazón y tenía la presión alta, y el médico le había dicho que de seguir así no duraría mucho». Razones que lo acongojan de una manera silenciosa, semejante a sus paseos, cavilantes y meditabundos. Sin embargo la sangre llama a la sangre, y un joven rutilante llamado Monteiro Rossi capta la atención de Pereira por un artículo sobre la muerte que éste azarosamente ha leído en una revista. Aunque Tabucchi hubiera querido hacer pasar a su protagonista por alguien desdeñoso o tal vez indolente, la curiosidad de Pereira por el joven se acrecienta. Algo lo incita. Necesita redactores que se ocupen de la sección más fúnebre del suplemento: los obituarios. Pereira considera que la excelencia informativa de un periódico de la envergadura del Lisboa estriba en la inmediatez. Por eso se cita con Rossi, le infunde curiosidad que alguien tan joven esté interesado por la muerte; pero el muchacho, que se muestra desorientado, confiesa que ese artículo forma parte de una tesina y que ésta es un plagio. Sólo la fresca y huracanada aparición de Marta, la novia de Rossi, consigue oxigenar el aturdimiento de Pereira. El tiempo revelará que la colaboración con Monteiro Rossi es un completo desastre, pero asistimos aquí al inicio de la paulatina conversión de Pereira. Todos sus textos son impublicables pero sin embargo Pereira no los desestima, los guarda una y otra vez en la misma carpeta. Podría haberlos tirado, lo dice, pero no lo hace. Como si incluso siendo indignos sintiera que debe protegerlos de algo que desconoce o, de otro modo, como si en realidad no fueran tan indignos o si lo que se opusiera entre ellos no fuera la cultura, sino una postura política. Pereira entretanto se dirige a las termas de Buçaco, donde Silva, un amigo de la universidad, espera su llegada. Entonces Pereira pronuncia quizá la declaración más fulgurante de la novela: «Pero yo soy un periodista, repuso Pereira. ¿Y qué?, dijo Silva. Que tengo que ser libre, dijo Pereira». Es de una rotundidad tan aplastante que todo lo que quisiera añadir, sobra. A ello le siguen algún tenso episodio con el director —«Rilke, dijo el director, su nombre me suena»—, una plácida estancia en la clínica talasoterápica de Parede, la decisiva presencia del doctor Cardoso (en verdad un filósofo afrancesado que respalda sus inquietudes y acaba restituyendo su confianza) y sobre todo la evanescente irrupción de una mujer que sostiene entre sus manos un libro de Thomas Mann y que termina por infundir en Pereira el deseo de hacer algo con su vida.
Es evidente que la infructuosa relación con Monteiro Rossi no ha sido todo lo catastrófica que pensaba. Esta singular amistad abre a Pereira la puerta de las expectativas a una nueva vida de lucha y libertad. Para él es un renacimiento. Sucede que ahora, al contrario de como había vivido hasta el momento, se siente en pugna directa contra el salazarismo, el Estado Novo o cualquier forma de vasallaje político y cultural.
El final se resuelve en una serie de circunstancias que dan al traste con la vida de Monteiro Rossi y lo relacionan con la Guerra Civil española. Una tragedia funesta. Y casi también la de Pereira, porque encubrir a subversivos en tiempos de orden y totalitarismo, bien vale una paliza que literalmente le rompa a uno la cabeza. Pero aún tiene una salida, Pereira sí. Recuerda repentinamente a aquella mujer que leía a Thomas Mann y hace la maleta, no sin antes enviar un artículo incendiario que, gracias a un ardid tramado con la ayuda del doctor Cardoso, logra burlar la censura. El artículo se titula “Asesinato de un periodista” y será la vergüenza del salazarismo. Es la venganza que Pereira ha de cobrarse por la muerte impune de Monteiro Rossi. Coge el retrato de su mujer, que coloca boca arriba para que respire, y se marcha. Sólo ella es testigo de su transformación.
Tabucchi se basó un hecho real acaecido en 1992, la muerte de un periodista que conoció en París en calidad de exiliado. Tal vez para él la literatura era un soliloquio, un monólogo interior.
Pereira no habla, ni tan siquiera piensa en sentido estricto, sino que declara, de ahí el título. El vocablo sostener, que vale por reafirmar, tiene también el valor de un declarar enfático.
Y detrás de todo esto, el testamento proliterario: «La filosofía parece ocuparse sólo de la verdad, pero quizá no diga más que fantasías, y la literatura parece ocuparse sólo de fantasías, pero quizá diga la verdad».
El resultado es que Pereira comienza obsesionado por la muerte y termina seducido por la vida, el reverso de la vida de Monteiro Rossi. Lo mismo que los separaba al principio, acaba uniéndolos al final. Como consecuencia de ello Rossi es asesinado. Pero Pereira huye de Portugal. Incitado por la inmediatez, atrás lo deja todo: el periódico, sus recuerdos en Coimbra, el doctor Cardoso, su Lisboa natal, pero también un régimen patrio y biempensante cuyos mecanismos de opresión le han empujado a descubrir el valor de la vida.
Una novela que, más que una novela, puede ser entendida como el testamento de un escritor militante, amante de la libertad, y amante del mundo.
SOBRE EL AUTOR ANTONIO TABUCCHI
El novelista italiano enamorado de Pessoa, de Lisboa, de Portugal y de la lengua portuguesa, nació en Pisa en 1943, en plena guerra mundial y conservó siempre la misma casa de infancia de la Toscana. Conocido sobre todo por sus trabajos sobre el escritor portugués Fernando Pessoa, enseñó Lengua y Literatura Portuguesa en la Universidad italiana de Siena, interés que le vino desde su juventud cuando, de viaje por París, encontró el poemario Tabacaria del poeta portugués. Como novelista, alcanzó el éxito con Sostiene Pereira, que fue adaptada al cine y protagonizada por Marcello Mastroianni, al igual que otra de sus obras, Réquiem. Sostiene Pereira obtuvo, además, el Premio Campiello, el Scanno y el Jean Monnet. Fue galardonado asimismo por su novela Nocturno Hindú, con el premio francés Médicis étranger; y con el premio español de periodismo Francisco Cerecedo. Escritor comprometido, consiguió con su novela La cabeza perdida de Damasceno Monteiro (1997) la revisión del caso que aparecía en la obra, resolviendo el asesinato de un ciudadano portugués. Tabucchi también practicó el género epistolar, como demuestra su compendio de cartas sin destinatario: Se está haciendo cada vez más tarde (2001). Colaboró con diversos medios de comunicación, entre ellos Corriere de la Sera y el diario El País. Tabucchi falleció el 25 de marzo de 2012 a los 68 años.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Mapa Secreto del Bosque 
(Jordi Soler) 


Navegar, escribió el poeta Fernando Pessoa, es preciso. Y andar, recorrer, desplazarse; salir del centro de gravedad (o esa zona de confort, como se proclama ahora) para regresar, después, convertido en otro, o en el mismo, también, parece, lo es. Ése es el punto desde el que parte Jordi Soler en este «Mapa secreto del bosque», que propone un recorrido íntimo y personal por ese territorio, el bosque, en cuyo centro, como bien lo describió María Zambrano en un ensayo, hay siempre un claro. 
En la portada ya llaman la atención del lector presentando el libro como un ensayo de combate para ver más allá de lo inmediato. Todo un reto, ya anuncian que el recorrido que vamos a realizar a través de la obra de Jordi Soler va a ser original y diferente. 
El mapa secreto del bosque sirve para encontrar la otra realidad del bosque, y de las criaturas que lo habitan, como lo han hecho durante siglos sabios orientales, filósofos, poetas y novelistas, doctores mesméricos (personas capaces de curar a su prójimo usando el hipotético «magnetismo animal). 
Las lecturas que lo acompañan durante el recorrido son muchas y variadas: Edgar Allan Poe, Demócrito, Ernst Jünger, Carlos Castaneda, Henri Bergson, Walt Whitman, Emil Cioran, Parménides y C. G. Jung entre otros. Pero no es, sin embargo, la erudición la que sostiene esta azarosa y agitada andadura. Es la reflexión constante, permanente, el dejarse llevar por una zona donde la realidad resulta más elástica. O, como dice el propio Soler en un momento del libro: «Lo ideal es desplazarse dentro de esa órbita, recorrerla y explorarla a fondo, abrazar el sistema dentro del cual vivimos y descubrir que el verdadero viaje, el que de verdad ilustra, es el que hacemos alrededor de nuestra casa». 
Jordi Soler propone una reflexión, un mapa, sobre esa zona de la realidad que el siglo XXI empieza a difuminar. Es la aventura de un novelista que se echa a caminar, con su perro, para buscar la otredad en el mundo de todos los días, como sugería Octavio Paz, aprovechando los instrumentos que están al alcance de cualquiera, el desplazamiento, la poesía, la música, el abrazo, el emboscarse, refugiarse en el bosque para regresar, brevemente y de manera cotidiana, a esa criatura cósmica que, a pesar de la revolución tecnológica que ha transformado nuestras costumbres, no hemos dejado de ser. 
Llama la atención el dibujo de la portada “La carretera de los desplazados”. 
Un precioso reencuentro con la sencillez y un recordatorio de la importancia de ver, presentir e imaginar. 


Jordi Soler es autor de diez novelas, traducidas a varias lenguas, y de libros de cuentos, de ensayo y de poesía. Desde Bocafloja, su primera novela, se convirtió en una de las voces literarias más importantes de su generación. La Casa de las Culturas del Mundo (Haus der Kulturen der Welt) en Berlín, elaboró un perfil sobre su obra donde dice: “Más que cualquier otro de los escritores de su generación, Soler ha conseguido un estilo propio, altamente visual, en su prosa y su poesía”. 
Durante los últimos diez años del siglo XX, de manera paralela a su trabajo de escritor, hizo programas de música y literatura en dos de las estaciones de radio más influyentes de México. Luego fue diplomático en Irlanda y ahora vive en Barcelona, la ciudad que abandonó su familia después de la Guerra Civil, donde trabaja en su siguiente novela y en artículos que publica en diarios y revistas. Es caballero de la irlandesa Orden del Finnegans y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Distintas formas de mirar el agua 
(Julio Llamazares) 


En 1968 se llenó el embalse del Porma y anegó los pueblos leoneses de Vegamián, Campillo, Ferreras, Quintanilla, Armada y Lodares. En aquel año, Julio Llamazares tenía nueve de edad, era hijo del maestro de Vegamián y fue de los primeros en abandonar la zona en pos del nuevo destino de su padre. Los personajes de su novela,”Distintas formas de mirar el agua”, proceden de Ferreras y fueron de los últimos en salir: como todos los vecinos, fueron realojados, muy lejos de allí, en la comarca palentina de Tierra de Campos, donde ese mismo año de 1968 se completó la desecación de la laguna de la Nava y se construyó uno de aquellos “pueblos de colonización” —Cascón de la Nava— que el franquismo declinante seguía presentando como una de sus grandes conquistas sociales. Para todos los habitantes, aproximadamente 800, supone terminar una vida y comenzar otra nueva. Esta historia ya sólo se recuerda en la nostalgia, según la forma que cada uno tenga de mirar el agua.
Ahora, en el año 2014, esta novela cuenta el último regreso de una familia a la vista del agua que cubrió sus tierras para arrojar allí las cenizas de quien fue marido, padre, suegro o abuelo de todos ellos.
Ahora quienes monologan son los descendientes de Domingo, el expulsado de Ferreras. Los yernos y los nietos miran el nuevo paisaje con admiración. “La verdad es que es maravilloso”, empieza Miguel, su yerno. Pero Elena, su nuera, o María Rosaria, novia de un nieto, sienten que “sobrecoge este paisaje sin alma”, o que aquella belleza tiene algo de “siniestro”. A Teresa, la hija mayor, le fastidia en el fondo esa actitud admirativa: “Algunos exclaman mientras lo contemplan: ¡Qué bonito! Y qué triste, añado yo”. Y es que varios de los visitantes recuerdan otro viaje, cuando acudieron a ver las ruinas de los pueblos —cubiertas de fango— en ocasión de un desembalse. En alguno se advierte la mala conciencia: en José Antonio, el hijo que se estableció en Barcelona; también en Virginia, la hija que se hizo maestra, estudió fuera del pueblo y también le fue mal en su matrimonio. En otros, predomina un cierto rencor por la vida perdida, como sucede a Teresa, la hija mayor; Jesús, uno de los nietos, no entiende la fijación en el pasado, esa “negatividad” que en la vida de su abuela “guía todas sus actuaciones”, mientras que Daniel, el nieto que se hizo ingeniero de caminos, dedica buena parte de su monólogo a justificar la inevitabilidad de la destrucción del pasado en función del porvenir. Sólo la viuda de Domingo, el patriarca familiar, no mira el paisaje: sólo se ve a sí misma, a su marido, al afán de aquel tiempo en que “íbamos de un lado a otro gastando nuestras fuerzas y la vida en el trabajo de volver aquí”.
Julio Llamazares dice que la novela es una novela, es una ficción, pero los escenarios no. O mejor, gracias a la ficción vuelven a vivir, como sucede a veces con las personas. Como en las tragedias griegas, los personajes son siempre máscaras del autor, formas de mirar el agua y, detrás de ésta, el mundo y la vida.
El autor rescata este desarraigo de su memoria cuando Riaño corrió la misma suerte, en 1987, y se identificó con sus vecinos y antes en el año 1983 , cuando un vaciado del embalse para revisar la presa permitió pasear de nuevo por las calles del pueblo, volver a las calles donde se crió fue todo un ejercicio de nostalgia. Todo este impacto es el que intenta plasmar Llamazares en esta novela, pero no con una voz única, sino sirviéndose de distintos enfoques. Realiza un ejercicio de memoria, atrapa recuerdos para que no se pierdan. Julio Llamazares reconoce hacer literatura para sentir y pensar, para hacer pensar y sentir a sus lectores, porque le interesan más los sentimientos de las personas, en especial de aquellas personas cuyos sentimientos no importan a nadie, es el caso de los personajes de la novela. Considera que una de las labores de los escritores es prestar la voz a aquellos que la sociedad no se la da.
Para este escritor leonés el paisaje no es un elemento externo, al contrario es un elemento interno que nos condiciona, y como la lengua materna nos conduce al habla, el paisaje materno nos enseña a mirar el mundo, en su caso un mundo inconcreto, una sensación más que un territorio, una forma de ver más que una patria. Afirma que la memoria histórica de un país es su arte, su literatura, es lo que va a quedar en el tiempo, y esa es la responsabilidad de los escritores, dejar memoria de lo que sucedió mientras ellos vivían, no cambiar la realidad, ser testigos de su tiempo y del lugar en el que vivieron.
La novela es un homenaje a todas las personas que vivieron todo esto.
Siempre se puede volver a un recuerdo
Siempre hay sombras bajo el agua que asemejan un pasado y
Siempre tendremos distintas formas de mirarlas.
Julio Alonso Llamazares nace en Vegamián (León), en 1955. Licenciado en Derecho, pronto se traslada a Madrid para dedicarse al periodismo. Publica muy joven sus primeros versos. En 1985, aparece su primera novela, "Luna de Lobos", finalista del Premio Nacional de Narrativa, posteriormente convertida en guión cinematográfico. En 1988, publica "La lluvia amarilla", una de sus obras más emblemáticas, finalista también del Premio Nacional de Narrativa. En ella, el lector asiste al monólogo alucinado del último habitante de un pueblo abandonado. Su obra se caracteriza por una peculiar voz narrativa impregnada de tintes poéticos que evoca la desaparición de un determinado modo de vida rural y de sus paisajes. Colabora habitualmente como crítico literario en prensa escrita y otros medios de comunicación.
Otra obra suya es Escenas de cine mudo, de 1994
En 2016 quedó finalista del Premio de la Crítica de Castilla y León con su novela Distintas formas de mirar el agua. Antes de que se fallara el premio, emitió un comunicado anunciando que no aspiraba a él y que lo rechazaría en caso de que le fuera concedido, En convocatorias anteriores (2014), ya había sido candidato a ese mismo premio con Las lágrimas de san Lorenzo, sin obtenerlo.

jueves, 17 de octubre de 2019

Beatriz y la loba 
(Concha López Llamas) 

La agresión que el hombre ha ejercido, desde siempre, hacia la mujer y hacia la naturaleza provocó, en el pasado siglo, el surgimiento de movimientos como el Feminista y el Ecologista que, en buena parte, han caminado separados hasta nuestros días. El Ecofeminismo, donde ambas teorías dialogan e interaccionan, permite reinterpretar la naturaleza humana y, desde ahí, ponerla en relación con la del resto de las especies de la Tierra.  La novela “Beatriz y la loba” permite al lector-a aproximarse al pensamiento ecofeminista.
En esta novela Beatriz, una joven zamorana y Oak, una lobezna nacida en la Sierra de la Cabrera, pierden a la vez los sustentos necesarios para la vida: hábitat, familia, alimento y trabajo. En sus trayectos vitales que realizan para sobrevivir, se van definiendo aspectos esenciales de la cultura de cada especie y de los efectos generados por la interacción de ambas. La obra plantea los temas de la violencia del hombre sobre las mujeres y de la especie humana (especialmente de los varones) sobre los lobos.
En “Beatriz y la loba” se habla del poder terapeútico de la naturaleza, que repara el daño que produce en Beatriz su marido, Santiago, y de manera progresiva, proporciona seguridad a la protagonista humana de la novela. La loba, como parte integrante del reino animal y natural, servirá a Beatriz de referencia y la ayudará a identificarse e integrarse en el mundo natural y animal. Al principio su marido la asociará a la loba disecada, sumisa y a lo largo de la novela, y al final se identificará con Oak, la loba natural y salvaje. La loba y sus amigos, Manuel y Lucia, le proporcionarán la fuerza y el aplomo necesario para enfrentarse a su situación.
El momento en que Beatriz y la loba se encuentran y reconocen define todo el propósito de esta obra;
-Eres la que recorres en mi territorio sin ansia de destruirlo, recargándote cada amanecer con la energía que nutre los bosques y da vida a los ríos. (Oak)
-Te busco cada día, compañera, para aprender a sentirme libre como tú, resistente como tú, salvaje como tú. (Beatriz)
Es además un libro con el que aprender de lobos y sobre todo, de humanos. El transcurrir de dos historias paralelas facilita las comparaciones entre los comportamientos de ambas especies e invita a la reflexión. Los lobos y los humanos somos muy parecidos, quizás demasiado. En el lobo vemos reflejado lo mejor de nosotros, lo mejor de lo que podríamos ser y que no somos. En realidad, los lobos nos recuerdan nuestras miserias, nuestras cobardías, nuestras vilezas y nuestro egoísmo. Por eso y sólo por eso, el hombre es tan violento, perverso y cruel con el lobo. Ojalá el hombre fuese un lobo para el hombre y retomando las historias paralelas que cuenta la novela, ojalá también fuera un lobo para la mujer.
Concha López Llamas nos muestra la cultura humana y del lobo de manera alterna e hilvanando ambas de manera sutil. Pretende mostrar una concepción ecológica de la vida donde ningún ser vivo está de más y por ello debe ser respetado y no sometido a dominación. Reivindica la necesidad de recuperar lo salvaje, condición que hemos perdido con el sedentarismo y con una forma de organización basada en el sometimiento o la domesticación hace más de 10.000 años, y recuperarlo sobre todo, para las hembras humanas, dominadas por el poder del macho-patriarca.
La autora quiere mostrar la confianza en el poder revitalizador de la energía amorosa, cuando fluye entre los integrantes de una familia, un grupo o una manada frente a la violencia y la agresividad alimentada por el individualismo y aislamiento. No olvidemos que Santiago para tener controlada a Beatriz la obliga a recluirse en casa, aislada de toda posible compañía e influencia.
Quiere retomar el pasado en lugar de enterrarlo, para que desde él sigamos proyectándonos hacia delante, fortaleciendo idiosincrasias varias, personales y culturales, expresadas a través de vocablos propios y comportamientos singulares desarrollados en cada entorno. Plantea también una reivindicación del mundo rural, que incluye todo un trabajo de recogida del habla local de la comarca de La Carballeda, que se integra en el texto de la novela y clarifica con notas a pié de página. En el libro se hacen uso de más de 200 palabras propias de la esta comarca y otras limítrofes.


Cocncha López Llamas es bióloga, catedrática de Ciencias Naturales en Educación Secundaria y reconocida educadora ambiental. Nació en Madrid hacia mediados del siglo XX, pero sus raíces familiares se encuentran en la comarca zamorana de La Carballeda, donde se desarrolla esta novela. Anteriormente ha publicado “Bajo el dominio del Río Negro” (2011) y La piel restaurada. Su última novela “Espejo lobo”.

miércoles, 2 de octubre de 2019

“Cuando sale la reclusa” 
 (Fred Vargas)


 “Cuando sale la reclusa” es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: la Edad Media, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.
Al inicio de la novela tenemos al bueno de Jean- Baptiste Adamsberg a su aire en Islandia con un hijo que ha descubierto hace poco y con el móvil hundido en un montón de mierda de oveja. De allí le saca una llamada para volver a París a un asunto que necesita de su inteligencia. Se trata de un homicidio solucionado rápidamente y solo sirve como puesta en escena de un caso mucho más solapado que Vargas lleva de maravilla y del que va enseñando poco a poco el andamiaje mientras nos lleva por las vicisitudes nada banales y a veces muy divertidas de Adamsberg y su brigada.
Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora...
Lo primero que me llama la atención de Cuando sale la reclusa es que, Jean-Baptiste Adamsberg sigue en forma. En esta ocasión, y mientras empieza a obsesionarse con la historia de la reclusa, le da tiempo incluso a resolver dos pequeños casos con una sencillez pasmosa, demostrando que, pese a su proceder poco ortodoxo, su valía sigue estando casi intacta. Además, los problemas internos en la brigada empiezan a ser problemáticos.Con poco tino y a su manera, así es él, Adamsberg tiene que conseguir que todos sus acólitos remen en la misma dirección, tensando la cuerda e intentando acallar las voces discordantes que surgen por el camino.
Al principio es verdad que no se sabe muy bien de qué va eso de la reclusa y las arañas pero el lector entra en materia a la vez que el comisario y en la página 200, con todo el lío puesto encima de la mesa, puedes sonreír y celebrar que quedan otras 200 páginas.
 Recomiendo su lectura porque la considero una obra fantástica que no puede tener otro efecto en el lector, más que adentrarse en su mente como el veneno de las ‘reclusas’ se adentra en el cuerpo de las víctimas.

lunes, 16 de septiembre de 2019

Ojos de Agua 
(Domingo Villar) 


Cada capítulo comienza con una definición de una palabra que luego aparece en la trama, me ha parecido cuanto menos interesante y curioso, puede que sea la primera vez que me he encontrado con algo semejante, había visto comenzar con citas el capitulo, pero con una definición nunca.
Leo Caldas, policía de Vigo, tiene que investigar la muerte de Luis Reigosa, un saxofonista que ha aparecido desnudo, atado a la cama y con una mirada de absoluto terror en sus acuosos ojos azules, en una torre de apartamentos turísticos situada en una preciosa isla, la isla Toralla. El informe forense es clarísimo en cuanto a la forma de la muerte: inoculación de formaldehído (formol) en los genitales. ¿Quién ha podido vengarse de tal forma del saxofonista? ¿Es un crimen pasional? Pronto, van a conocer que el asesinado era homosexual, hecho que lleva a Leo Caldas y a su compañero Rafael Estevez a investigar en los locales de ambiente de la ciudad.
La pareja de detectives protagonista es cuanto menos peculiar, el comisario Leo Caldas es un solitario taciturno que colabora en un programa de radio, Patrullando las ondas, eso le abre bastantes puertas y le da facilidades que de otra forma no tendría, pero parece molestarle que su ayudante se lo recuerde. De su ayudante Rafael Estévez que decir, es un aragonés grandote y algo bestia, con un carácter muy fuerte que le ha jugado más de una mala pasada, es destinado a Galicia por un expediente disciplinario abierto en su tierra y no parece acabar de entender el carácter reposado de los lugareños. Le saca de quicio que le contesten con otra pregunta cosa que parece ser muy típico del carácter gallego. Estévez es el contrapunto de su jefe. De la mano de ambos personajes te das un paseo por sus rías, por sus calles y por el carácter de la gente de este pueblo norteño, es todo un placer pasear de la mano de Leo Caldas y su ayudante.
Un detallado paseo por los lugares de la Rías Bajas en cuestión con personajes veraces, olor a comida lugareña, llena de sentimientos de los que tienen familia trabajando en la mar y el sabor de ciertos ambientes gays sórdidos y muy reales en su descripción.
La música es otro elemento presente, y no solo porque la víctima fuera un saxofonista, y su casa estuviera repleta de intérpretes de jazz, ni porque el mismo fuera miembro de un grupo de este género, si no porque lo impregna todo, Domingo Villar debe ser un gran enamorado de la música. Ese ambiente de jazz con los nombres de ciertos temas muy conocidos y que te ponen una banda sonora a lo largo del texto. Sobre todo ese comienzo con “The man I love” cantado por Billy Hollyday.
Todo ello contribuye a captar al lector y mantenerle despierto y entretenido hasta las últimas páginas. Pero el gran acierto que ha tenido Domingo Villar es el de la creación de una novela negra autóctona enclavada en las tierras gallegas.
Una obra que recomiendo por su frescura, agilidad y destreza a la hora de retratar las tierras gallegas y sus habitantes dentro de una clave de novela negra actual.
Domingo Villar, gallego emigrado a Madrid, ha ejercido como guionista de cine y televisión. Ligado desde niño al mundo del vino, desde hace años es crítico gastronómico en una emisora de radio nacional y colaborador habitual en diversas publicaciones escritas. Obtuvo con su primera novela, Ojos de agua, el I Premio Sintagma, el Premio Brigada 21 y el Premio Frei Martín Sarmiento, y fue finalista en dos categorías de los Crime Thiller Awards en Reino Unido. Hasta la fecha ha sido traducido a seis idiomas. Su nueva novela “La playa de los ahogados” lleva hasta la fecha seis ediciones.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

PIENSA EN TI 
(Joaquina Fernández) 


Manual de trabajo para encontrarnos a nosotros mismos de Joaquina Fernández. Para conocernos a nosotros mismos y conocer mejor a los demás, para fomentar mejores relaciones con uno mismo y con las personas que nos relacionamos. 
Trabaja en el Qué, encontrar mi valor diferencial y apoyarme en la creencia positiva de mi valor diferencial para todo en la vida, para conseguir todo lo que me preponga, para llevar una vida armónica y coherente conmigo misma.
En el Por qué, y en el Para qué de las cosas, encontrar el para qué de todo comportamiento negativo o creencia negativa que tengo, y así detectar el beneficio oculto que obtengo de ese comportamiento negativo (la intención positiva del comportamiento negativo), y poder decidir qué hago con ese beneficio oculto, si decido que ya no sirve más a mi bien, o busco otras maneras de obtenerlo.
Descubrir cuál es ese beneficio te aporta verdad y claridad para poder tomar decisiones en tu vida. Entender que mi percepción de la vida, está determinada por mis creencias sobre la misma;  detectar mis creencias limitantes que, valga la redundancia, me limitan; y cambiarlas por otras más beneficiosas y fortalecedoras. Encontrar mi motivación, aquello que es el motor de mi vida.
 Nos habla del Temperamento y del Carácter. El carácter es moldeable, tan sólo debemos enfocarnos en aquello que queremos para cambiarlo. Sin embargo el temperamento es inamovible, es lo relativo a nuestra personalidad. Para hablarnos de él utiliza la teoría de Hipócrates de los 4 humores:
1.-Temperamento colérico: el dirigente; personas muy focalizadas en tener sus objetivos y obtener resultados. Ven oportunidades donde otros no son capaces.(Nadal y Cristiano Ronaldo)
2.- Temperamento sanguíneo: el relaciones públicas, son personas adaptativas, con capacidad de relacionarse con los demás y su principal motivación es disfrutar de la vida. (Kenedy y Martin Luther King) 3.- Temperamento Flemático: el impasible; personas calmadas, sosegadas, impasibles, ven siempre el lado positivo de las cosas. (Federer y Mandela)
4.- Temperamento Melancólico: el analista; son personas perfeccionistas y extremistas. (Steve Jobs)
Estos temperamentos no se pueden cambiar, pero ella nos sugiere las áreas de mejora de cada uno de ellos ya que no podemos cambiarlos.
 Finaliza el libro con una guía práctica, un manual de trabajo, que ella lo denomina: DISEÑA TU VIDA 5 pasos para conseguir la transformación deseada:
 • ¿Quién eres? Y
 • ¿Cuál es tu necesidad?
 • ¿Cómo idear soluciones?
 • Construye la solución que más te conviene.
 • El arte de experimentar.
Confía en ti y en tu deseo de progresar
Leí este libro porque antes conocí a Joaquina Fernández en una charla que dio acerca de qué nos impedía ser felices. Me abrumó su personalidad y esa forma de dirigirse a las personas como si las conociera previamente. Me quedé con la idea de si venimos a este mundo para disfrutar y para ser felices que nos está impidiendo que así sea. Al mismo tiempo nos comentó que firmaba ejemplares en la Feria del Libro de su último libro “Piensa en ti”. Salí de aquella charla pensando en comprarme el libro y que me lo firmara su autora, pero al final no acudí a la cita. Ese mismo verano me enteré de que Joaquina nos había dejado, como me arrepentí de haber faltado a la cita, así que la lectura de este libro era imprescindible. Después de leerlo aunque en realidad todo lo que recomienda Joaquina me suena muy familiar, siento la necesidad de incorporar la idea de que pensar en nosotros no es un acto de egoísmo, es la más dura y compleja de las tareas a las que se puede dedicar una persona, porque el autoconocimiento es la llave para entender al género humano y al universo en el que habitamos.