jueves, 18 de julio de 2019

Una muerte roja 
(Walter Mosley) 


Walter Mosley pasa por ser uno de los escritores más aclamados y prolíficos en el terreno de la novela negra actual. Empezó a escribir cuando tenía treinta y cuatro años, y desde entonces ha publicado más de cuarenta novelas. Es también el autor de color de más éxito y conocido actualmente en el campo de la novela negra.
Mosley se dio a conocer al gran público por su serie sobre «Easy Rawlins»; serie que vio la luz con la novela «El demonio vestido de azul» allá por 1990. Ésta obra que fue llevada al cine y protagonizada por Denzel Washington. Mosley también ha escrito otras tres sagas, con Fearless Jones, Leonid McGill y Socrates Fortlaw como protagonistas. Además, ha cultivado la crítica social, la ciencia ficción, no ficción, ficción para jóvenes, obras de teatro, novelas gráficas, y numerosos cuentos.
La segunda novela de Walter Mosley, «Una muerte roja», confirma que nos encontramos ante un gran narrador La historia se desarrolla en 1953, el período del macartismo, persecución anticomunista impulsada por el senador Joseph McCarthy (1909-1957) en Estados Unidos de América durante el período de la guerra fría.
 Cinco años después de su primera aventura acaecida en 1948 -«El demonio vestido de azul»- Ezekiel P. Rawllins, alias «Easy Rawlins», ha utilizado el dinero robado entonces para comprar un par de apartamentos de los que es titular en secreto y que ahora mantiene en alquiler. Él simula trabajar para Mofass, su supuesto manager, y en realidad se hace pasar por conserje de los apartamentos que posee, disfrutando tranquilamente de los frutos del alquiler que tales propiedades le generan. El problema se avecina, sin embargo, cuando un agente del Servicio de Impuestos Internos –IRS-, llamado Reginald Lawrence, le requiere para aclarar el origen de su propiedad. Rawlins se ve enfrentado así a la amenaza de prisión.
Como si esto no fuese suficiente, EttaMae y LaMarque, la esposa y el hijo de su antiguo compinche Raymond Mouse, se presentan en su casa de Los Ángeles, procedentes ambos de Houston. EttaMae se ha distanciado de Mouse y quiere vivir con Easy. Rawlins desea a EttaMae, pero sabe que vivir con ella le podría acarrear un enfrentamiento con Mouse. Efectivamente, su implacable y mortal amigo Mouse no tarda en aparecer en Los Ángeles en busca de su ex mujer EttaMae, que ha huido con su pequeño hijo. La solución más fácil es encontrarle un apartamento a EttaMae y LaMarque y distanciarse de ellos.
La situación con el IRS da un giro inesperado tras la reunión de Rawlins con Lawrence. Rawlins es salvado de una acción drástica cuando un agente de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), llamado Darryl T. Craxton le ofrece un trato. Craxton le propone arreglar sus problemas con Hacienda a cambio de su ayuda para desenmascarar a un sospechoso de actividades comunista llamado Chaim Wenzler. Wenzler, de religión judía, está presente en varias iglesias negras, incluyendo una ubicada en el vecindario de Rawlins. Easy sabe que para los negros éste es un mundo muy difícil, sobre todo para los negros pobres que aspiran a algo mejor. Los impuestos le acosan y, para defender sus propiedades, se ve obligado a aceptar el «trato» que le propone el FBI, trato que consiste en infiltrarse en la Primera Iglesia Baptista Africana, espiar a sus pastores y feligreses y, ¡cómo no!, al rojo Chaim Wenzler, un judío superviviente de los campos de concentración nazis, que ahora hace beneficencia para la muy negra iglesia baptista... No transcurre mucho tiempo hasta que un lento barullo de muertes e intereses complican la existencia de Easy Rawlins. Sin embargo, con su gran habilidad y su distanciada mordacidad para estos casos, logra encontrar las salidas, destapa los problemas y, como no podía ser menos, vuelve a perder a su chica. Todo al estilo de los detectives del pasado, de aquellos de las películas en blanco y negro.
Walter Mosley ha creado un genial antihéroe, algo descarado y muy humano: respeta a los débiles, no se aprovecha de las situaciones fáciles y sabe que es un perdedor, aunque hace justicia, a su manera. Un grupo de fracasados cotidianos acompañan al detective continuamente, recreando una época ya pasada de la historia de Estados Unidos.
El resultado, gracias a su admirable ritmo, es sumamente sugerente. Los misterios se combinan con los convenios tradicionales de la novela policíaca, con precisiones sobre las desigualdades raciales y la injusticia social que han acompañado a través de la historia a los afroamericanos y otras personas de color.

jueves, 11 de julio de 2019

La playa de los ahogados
 (Domingo Villar)


Esta es la segunda novela de Domingo Villar.
Este autor tiene la virtud de describir las escenas y los paisajes de una forma muy visual. No hace grandes descripciones, al revés lo hace de forma sencilla, lo que cuenta lo hace de tal manera que consigue que esas imágenes aparezcan en tu mente con total nitidez. Además te deja con ganas de indagar sobre esos lugares y ver con tus propios ojos si son igual a como te los imaginabas.
Domingo Villar comienza cada capítulo con una palabra y sus definiciones según el diccionario, palabra que nos encontraremos después en algún punto del capítulo por ella encabezado.
 En la localidad gallega de Panxón ha aparecido el cadáver de un marinero llamado Justo Castelo. No en cualquier sitio, sino en una playa conocida en la localidad como la playa de los ahogados, ya que no es la primera vez que aparece allí un cadáver. El cadáver tiene las manos atadas con una brida verde. Ello parece indicar un suicidio ya que es frecuente que los suicidas que saben nadar se aten las manos para no nadar en el último momento.
El marinero había partido por la mañana en su barca, aparentemente sólo. Llevaba un tiempo raro, como deprimido, por lo que, al principio, todo parece indicar que, efectivamente, se trata de un suicidio. Pero un detalle de cómo está cerrada la brida, hace sospechar a la policía de que la muerte ha sido provocada y empieza una investigación destinada a averiguar quién es el asesino.
Una investigación que pronto les lleva al pasado. Justo Castelo era junto a Arias y Valverde miembro de la tripulación de un barco de pesca que naufragó hace años en extrañas circunstancias. Los tres marineros se salvaron pero el capitán pereció.
¿Qué puede tener que ver un naufragio pasado con un asesinato actual?
Aunque han sido muchos los autores que han tratado de imitar el binomio Carvalho—Barcelona o Montalbano—Sicilia, pocos han logrado fusionar un personaje y un lugar como lo han hecho Vázquez Montalbán o Camilleri. Domingo Villar tiene el honor de formar parte de esa lista, y su Leo Caldas y la ciudad de Vigo han alcanzado esa simbiosis que tantos escritores ansían. Puede que ese sea uno de los secretos del éxito del autor gallego, a lo que se suma un trabajo artesanal en el que cada coma y cada línea de diálogo cumplen su función.
Domingo Villar ha sabido formar una buena pareja de policías, Leo Caldas es el jefe. Es un tipo tranquilo, reflexivo, es un hombre intuitivo en el que se puede confiar, una persona de costumbres que se mueve por los mismos sitios, aquellos lugares donde está cómodo y sobre todo es alguien que llegará hasta el final en cada uno de los casos que emprenda. Incluso cuando parece que ya lo tienen, él sigue y sigue por si acaso, porque si queda algún cabo suelto, sin explicar, no está conforme. Quiere dejarlo todo atado y bien atado. En esta segunda novela vamos conociéndole un poco mejor. Aparece mucho en ella su padre, un jubilado metido a viticultor.
Rafael Estévez sigue a las suyas. Es un hombre enorme, que ha sido "desterrado" a Vigo por algún altercado violento protagonizado en su anterior comisaría. Y no es de extrañar porque Rafael se calienta enseguida. No necesita mucha excusa para utilizar la fuerza bruta. De su parte vienen los pasajes de humor que tiene la novela.
 Los motivos del asesinato se centran en el pasado. Esta fórmula aporta muchísimo más interés a la novela. Con una prosa sencilla, unos capítulos nada extensos, una cantidad de diálogos en la proporción justa, y una historia y una trama que engancha desde el primer momento, nos encontramos con una buena novela que se lee muy rápidamente. Es uno de esos libros que da pena terminar. Es fácil de leer y de disfrutar.
Mientras la leéis, en ocasiones, os recomiendo que escuchéis La canción de Solveig, compuesta por el noruego Edvarg Grieg, que el marinero ahogado Justo Castelo solía silbar.

martes, 11 de junio de 2019

La tercera virgen 
(Fred Vargas)


En La tercera virgen, octava novela de la autora que se publica en castellano, reina uno de los tres investigadores que han salido ya de su pluma: el inspector Adamsberg, un hombre excéntrico, más bien soso y bastante inculto, padre de un niño de meses. Vargas disemina las pistas, dosifica la información importante y mantiene el interés y el misterio hasta el final. La trama da varias vueltas sobre sí misma antes de que lleguemos al desenlace definitivo, Vargas logra que nos creamos lo que quiere hacernos creer. Todo ello con una trama donde sobreabundan los diálogos construidos con inteligencia, cinismo y grandes cantidades de sentido del humor (a veces negro), y donde cada charla constituye un auténtico festín, cargado de grandes hallazgos.
En esta novela, el hilo utilizado para que la investigación avance es un poco menos tenue que en otras, quizá no al principio, pero acaba quedando bastante afianzado a medida que progresa la acción.
Esta forma algo caprichosa de enfocar los casos se debe a la inteligencia intuitiva, errática y más bien arbitraria del célebre comisario Adamsberg, protagonista de la mayor parte de las novelas de Fred Vargas y tan peculiar como exigen los cánones. Lo que añade interés y credibilidad a sus investigaciones es que las realiza en equipo, que se equivoca más de una vez como cualquier hijo de vecino y que, a consecuencia de esto, abandona unas rutas y emprende otras nuevas.
En esta novela el comisario Adamsberg se acaba de separar de Camilla y se ha comprado una casa vieja y devencijada en una pequeña localidad cercana a París. Bien es cierto que no le ha costado mucho, pero será su vecino, Lucio Velasco, quien le pondrá al tanto de su historia, asegurándole que en la casa vive el fantasma de una antigua Clarisa del siglo XVIII que asesinaba a las mujeres que acudían a ella buscando el paraíso. Hasta que un buen día el hijo de una de ellas acabó con ella.
Por otro lado, el comisario está investigando el doble asesinato originado en Porte de la Chapelle, lugar donde han aparecido los cadáveres degollados de dos hombres tendidos uno junto a otro. Ambos bastante robustos, uno negro y otro blanco y sin nada en común, aparentemente. Adamsberg y el inspector Mortier, responsable de la Brigada de Estupefacientes, se pelean por hacerse con el caso, pues según el primero se trata de un crimen de libro y según el otro, no son más que unos pequeños delincuentes que se dedican a trapichear en antros de poca monta. Además, se acaba de incorporar a la brigada un nuevo teniente, Veyrenc, ex profesor en un internado que renunció a su plaza al enamorarse de una policía. Después cada uno siguió su camino y él se quedó en el cuerpo. Tiene un ajuste de cuentas pendiente con el comisario, ya que siendo niño sufrió un ataque traumático por parte de un grupo de amigos de la localidad vecina y siempre ha creído que Adamsberg era el jefe del grupo.
Por si todo esto fuese poco, en Haroncourt, un pequeño pueblo del departamento del Eure en la Alta Normandía, alguien se dedica a matar ciervos, causando auténticas carnicerías, sin reparar siquiera en las cuernas, único motivo por el que se suele agredir a estos animales. La novela se localiza en dos escenarios absolutamente distintos; por un lado, París, por otro, un pequeño pueblo de la Alta Normandía y algún breve recuerdo a la localidad natal del comisario. Son pocas las descripciones de los escenarios, aunque minuciosas, ya que excepto alguna salida puntual, el devenir de la novela se centra en interiores (o algún cementerio). Lo más espectacular de la novela, porque lo son, reside en los diálogos, rápidos, inteligentes, incluso divertidos.
El nombre real de esta autora es Frederique Audoin-Rouzeau, se hace llamar Fred Vargas por su hermana gemela, pintora, que firma sus cuadros como Jo Vargas. La cosa viene del personaje que interpretó Ava Gardner en La condesa descalza, María Vargas, a la que ambas adoraban. Y como son gemelas, era coherente que firmaran con el mismo apellido en sus paralelas trayectorias artísticas.

 Fred Vargas, a pesar de vender casi medio millón de ejemplares de sus novelas sólo en Francia y estar traducida a tres decenas de idiomas, jamás ha abandonado a sus pequeños editores, los mismos que la descubrieron hace dos décadas, cuando aún era una desconocida que empezaba a publicar las novelas que escribía durante las tres semanas de sus vacaciones. Cuenta que es tal la fuerza de esa costumbre que ahora que ha dejado el trabajo para dedicarse a escribir, sigue terminando sus novelas en 21 días.

jueves, 23 de mayo de 2019

El demonio se viste de azul 
(Walter Mosley)


Ezekiel Rawlins es un veterano de guerra que acaba de ser despedido de la compañía Champion Aircraft y necesita pagar la hipoteca de su minúscula casa primero y para que no lo maten después. A pesar de la efervescencia que sacude a la ciudad de Los Ángeles, las oportunidades laborales no abundan para un negro desempleado, así que «Easy» tiene que encontrar a una bella dama con acento francés, Daphne Mouret; a la que busca un hombre que viste casi enteramente de blanco, llamado Dewitt Albright y tras el que está un poderoso, Todd Carter, uno de esos tipos que pueden conseguir que un candidato a alcalde, Matthew Teran , se suicide después de descubrir sus más oscuros secretos. Frank Green, un ladrón de poca monta con una peligrosa afición a los cuchillos; el amigo de la infancia de «Easy», Raymond «Mouse» Alexander, un asesino de sonrisa perpetua que mata hombres con su Colt de cañón largo como el que se toma una naranjada y Etta Mae Harris, la mujer de «Mouse».
Pero llega al final, encuentra a la chica y conoce su historia, la de una mujer que es un demonio vestido de azul, poderosamente atractiva y camaleónica, adaptable a cada hombre según sus características y sus defectos. No es su andadura típica ni tópica, no hay indagación al temido y actual estilo de pregunta-respuesta, no hay embrollos artificiosos ni interrogatorios repetitivos y cansinos como tanto se estila en la actualidad, sino un viaje a un mundo en que los negros eran seres inferiores; las mujeres guapas, diosas; y los ricos, seres casi divinos.
Walter Mosley es un autor de una gran categoría, que cuenta unas historias creíbles que se encuadran en el género negro pero son grandes obras literarias. Estamos ante uno de los escritores más interesantes del panorama actual, más allá de cualquier tipo de encasillamiento.

La grandeza de Mosley radica en su capacidad para ofrecer un fresco completo de un lugar y una época concretos: Los Ángeles en 1948.
Walter Mosley (Los Ángeles, 1952) es escritor y profesor universitario en la Universidad de Nueva York, uno de los autores de novela negra estadounidense más valorados y respetados. Hijo de un afroamericano y de una ruso-judía, se hizo famoso, fué elogiado públicamente por Bill Clinton y esta novela fue adaptada al cine en 1995 por Carl Franklin.
Ha escrito ya once novelas sobre las perpecias de su detective negro, de las que inexplicablemente no se han publicado todas en castellano. Tambien es el autor de otros títulos, como otra serie policiaca protagonizada por Socrates Fortlow, un expresidiario metido a detective filosófico después de pasar casi 30 años en prisión cumpliendo condena por un doble homicidio, y algunas obras de ciencia-ficción y ensayo.
El demonio vestido de azul recibió en 1991 el premio John Creasy a la mejor primera no­vela policíaca.

martes, 21 de mayo de 2019

Los señores del tiempo 
(Eva García Sáenz de Urturi) 


En Los señores del tiempo vamos a encontrar dos novelas a las que separan unos cuantos siglos de diferencia. Una de ellas, la novela histórica que tiene lugar en el medievo, titulada Los señores del tiempo, que se podría leer de forma totalmente independiente; y la otra, un thriller en la que se relata la investigación que Unai y su equipo realizan para esclarecer los hechos que suceden en la actualidad, y en la que nos encontraremos a personajes ya conocidos por los lectores de las anteriores novelas.
Vitoria, 2019. Los señores del tiempo, es publicada con gran éxito bajo un misterioso pseudónimo: Diego Veilaz.
Victoria, 1192. Diago Vela, el legendario conde don Vela, retorna a su villa después de dos años en una peligrosa misión encomendada por el rey Sancho VI el Sabio de Navarra y encuentra a su hermano Nagorno desposado con la que era su prometida, la noble e intrigante Onneca de Maestu.
Estructurada en 66 capítulos, utilizando un narrador múltiple en primera persona, Unai, Diago Vela y Ramiro Alvar, que son los que nos van contando desde su punto de vista los acontecimientos.Tiene una trama compleja y muy bien armada, en la que vamos conociendo sucesos separados en el tiempo durante más de ocho siglos, aunque los asesinatos actuales parecen un trasunto de los acaecidos ochocientos años atrás. Unai López de Ayala, Kraken, se enfrenta a unas desconcertantes muertes que siguen un modus operandi medieval. Son idénticas a los asesinatos descritos en la novela Los señores del tiempo: un envenenamiento con la «mosca española» ―la Viagra medieval―, unas víctimas emparedadas como se hacía antaño en el «voto de tinieblas» y un «encubamiento», que consistía en lanzar al río a un preso encerrado en un tonel junto con un gallo, un perro, un gato y una víbora.
Las investigaciones llevarán a Kraken hasta el señor de la torre de Nograro, una casa-torre fortificada habitada ininterrumpidamente desde hace mil años por el primogénito varón. Pero el reverso de tanta nobleza es la tendencia de los señores de la torre a padecer el trastorno de identidad múltiple, un detalle que arrastrará a Estíbaliz a vivir una arriesgada historia de amor. Unai López de Ayala acabará descubriendo que Los señores del tiempo tiene mucho que ver con su propio pasado. Y ese hallazgo cambiará su vida y la de su familia
Los señores del tiempo es una novela con una trama compleja y sólida, con un ritmo ágil, unos personajes bien perfilados y un desenlace sorprendente. Un buen broche final para la trilogía de la Ciudad Blanca.


Eva García Sáenz de Urturi publicó en 2012 su primera novela, La saga de los longevos, que se convirtió en un fenómeno de ventas y fue traducido al inglés con una gran acogida tanto en Estados Unidos como en Reino Unido.
En 2014 vio la luz la segunda entrega de la saga, Los hijos de Adán, y también la novela histórica Pasaje a Tahití.
En 2016 publica El silencio de la ciudad blanca, un thriller apasionante ambientado en su ciudad natal, que ha supuesto un gran éxito de crítica y cuenta con casi un millón de lectores en nuestro país y cuyos derechos de traducción ya han sido vendidos a numerosos países y está en proceso de adaptación cinematográfica de la mano de A3media Cine.
En 2017 publicó Los ritos del agua, la segunda y esperada entrega de la «Trilogía de la ciudad blanca».
En 2018 publica Los señores del tiempo, tercera novela y desenlace de la trilogía.

lunes, 29 de abril de 2019

Pan, educación, libertad 
 (Petros Markaris) 


Esta novela es la culminación de la denominada "Trilogía de la Crisis". Después de "Con el agua al cuello" y "Liquidación final", el comisario Kostas Jaritos se enfrenta a un nuevo y complejo caso en medio de una Grecia que camina a pasos agigantados hacia el abismo. Con gran maestría, el autor vuelve a deleitarnos con una entretenida trama policíaca al mismo tiempo que realiza un certero retrato de la caótica situación que sufre el país heleno y que se extiende al resto de países del sur de Europa.
 La vida del comisario Jaritos, como la de su familia y el conjunto de la sociedad griega, es cada día más complicada. Comienza el año 2014, Grecia suspende pagos, se ha salido del euro y recupera el dracma, su vieja moneda (ojo, que también España suspende pagos ese 1 de enero e Italia se asoma peligrosamente al abismo). La calle está tomada por manifestantes jóvenes que celebran que el país sea dueño de su destino, sin tener que mirar a Alemania, y otros, ya mayores, que critican las medidas del Gobierno de Atenas y piensan que sus pensiones, en dracmas, no les alcanzarán para nada más allá de la miseria. La Policía, que no cobrará al menos durante tres meses, no tiene tiempo para lamentarse porque la tensión en la calle es grande. No es el mejor día para que aparezca muerto un importante empresario de la construcción, cuyo hijo es un conocido militante izquierdista, un tipo solidario que trabaja por los desheredados. El muerto tomó parte en lo que se recuerda como los Hechos de la Politécnica, una rebelión estudiantil contra la dictadura militar, que puso en jaque al Gobierno en 1973. El lema de aquellos días en la Universidad era ‘Pan, educación, libertad’, y justo esa reclamación es la que alguien ha colocado en el móvil del muerto, a modo de timbre. Lo más interesante es el retrato de una sociedad exhausta por la crisis, sin más horizonte que sobrevivir hasta el mes próximo. Y, por supuesto, el análisis del fin del idealismo, del cambio de aquella generación de universitarios que se jugaban la vida o al menos su futuro por la democracia pero que luego han renunciado a sus principios para instalarse en los lugares de privilegio de un sistema débil y corrupto. Márkaris relata de manera muy directa, describiendo la situación del país a partir de pequeños datos, de anécdotas reveladoras (la olla que prepara la esposa de Jaritos para toda la familia porque es más barato cocinar de una vez para muchos que hacerlo en dos o tres casas distintas…) y demostrando, por si a estas alturas aún fuera necesario, que la ficción bien hecha presenta una pintura de la realidad tan buena o mejor que cualquier tratado. Petros Márkaris (Estambul, 1937) estudió ciencias económicas en Viena y en Stuttgart, y posteriormente se trasladó a Atenas, donde reside. Guionista de televisión y autor teatral, ha colaborado en varios guiones del cineasta griego Theo Angelópoulos, como el de La mirada de Ulises. Es autor del volumen de ensayos La espada de Damocles, en torno a la crisis griega. La fama le ha llegado con la serie de novelas policiacas protagonizadas por el irónico y políticamente incorrecto comisario griego Kostas Jaritos, merecedoras de galardones como el Pepe Carvalho, el Premio Negra y Criminal 2011 y el Point du Polar Européen 2013: Noticias de la noche, Defensa cerrada, Suicidio perfecto, El accionista mayoritario, Muerte en Estambul, Con el agua al cuello y Liquidación final, publicadas por Tusquets Editores. Con Pan, educación, libertad, el nuevo caso de Jaritos, que culmina la exitosa Trilogía de la Crisis, Márkaris nos ofrece una ácida novela policiaca que sumerge al lector en el ya trágico día a día de los ciudadanos griegos, mientras desentraña las causas de la terrible situación que vive el país.

domingo, 7 de abril de 2019

La dependienta 
(Sayaka Murata) 


 La dependienta nos cuenta la historia de Keiko Furukura, una mujer japonesa de 36 años, soltera y sin aspiraciones en la vida, que trabaja como dependienta en una konbini desde hace dieciocho años, una tienda japonesa abierta las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, donde pueden encontrarse los productos más diversos.
La historia está narrada en primera persona por nuestra protagonista, lo que le da un toque más íntimo y permite empatizar más con la situación que nos expone. Furukura siente que vive una vida que no es la suya, ya que todo el mundo le cuestiona y le pide una explicación sobre su situación. "¿Por qué no buscas un trabajo fijo?", "¿Por qué sigues trabajando por horas?", "¿Nunca has tenido pareja?", "¿Es que no piensas casarte?", "Deberías poner un poco de orden en tu vida." El día a día de Keiko se basa en encontrar excusas que justifiquen preguntas como las anteriores. Keiko es una persona un poco antisocial y muy suya, que ve en la tienda en la que trabaja una vía de escape para relacionarse con otras personas y parecer una "persona normal".
El libro, hace una crítica a la sociedad japonesa ya que por parte de ésta se exige o se espera una forma de vida que supuestamente toda mujer debería tener a partir de cierta edad, y todo lo que salga de ese canon es objeto de crítica, y todo el mundo cree que tiene derecho a cuestionar tu situación por el simple hecho de que ellos sí estén siguiendo esas pausas que dicta la sociedad. La autora ha reflejado en el personaje de la protagonista ese inconformismo y esa indiferencia al qué dirán, puesto que Keiko actúa de determinadas formas en la novela para pasar desapercibida entre los demás, pero no porque realmente sea eso lo que ella quiere.
 "Las personas que no contribuyen a la comunidad, ya sea casándose y teniendo hijos o saliendo a cazar y ganando dinero, son herejes. Por eso los demás se meten constantemente es sus vidas."
En cuanto a la estructura del libro, no tiene capítulos, lo que al principio puede parecer un poco raro y puede dar a pensar que la lectura se va a hacer larga y pesada pero es todo lo contrario. Se trata de un libro muy ágil y dinámico que se lee en un suspiro. El personaje principal es el de nuestra protagonista, Keiko, en el que podemos apreciar el inconformismo y la indiferencia que comentaba antes, pero también esa necesidad de parecer "normal" y de actuar de forma "correcta" y de hacer "lo que hay que hacer". También podemos apreciar a otros personajes, como a Shiraha, que nos muestra la otra cara de la moneda.
 El libro aunque breve y conciso, resulta muy interesante. Es una novela sobre la manipulación de los convencionalismos y un canto a la libertad del individuo.
"El pasatiempo favorito de las personas normales es juzgar a las que no lo son."
Se trata de la décima novela de Sayaka Murata (Inzai, 1979), una obra que no sólo le ha deparado el prestigioso Premio Akutagawa 2016 -sin contar con que ganó el Yukio Mishima en tres ocasiones, el Gunzo Prize a escritores noveles, el Noma Literary y un largo etcétera-, sino que la obra lleva vendidos más de un millón de ejemplares en su país y va camino a repetir el fenómeno a escala global con la traducción, de momento, a 31 lenguas.
También Sayaka Murata trabajó muchos años en una tienda konbini, hasta que el éxito de su décima novela -y la proyección que le ofreció la revista británica Granta publicando la primera traducción de una de sus historias- la alejó del trabajo de dependienta. Sin embargo, ahora trabaja en el comedor de su editorial tokiota porque descubrió que necesita esa misma normalidad de la rutina cuadriculada para seguir escribiendo.