domingo, 3 de febrero de 2019

Las Escalas de Levante 
(Amin Maalouf) 


Amin Maalouf nació el 25 de febrero de 1949, en Beirut, Líbano, país en el que convivían pacíficamente más de una quincena de comunidades culturales. Su familia es de origen árabe, de religión católica y con una larga tradición cultural. Es nieto e hijo de poeta; su padre fundó dos diarios en Beirut.
Al hablar de su obra, hablamos de literatura francesa aunque Amin Maalouf sea libanés, sin embargo todas sus novelas están escritas en lengua francesa ya que, entre otras razones, hay que recordar que el Líbano estuvo durante muchos años bajo mandato francés, aunque hoy en día el idioma oficial es el árabe. Este magnífico escritor pasó a residir en Francia en 1976. Entre sus obras cabe destacar Léon l´Africain (1986) su primera obra basada sobre la vida de un árabe, expulsado de España en tiempos de la Reconquista, y sobre todo su éxodo a través del Maghreb hasta llegar a Roma. También habría que señalar Samarcande, publicada dos años más tarde, obra inspirada en la vida del poeta persa Omar Khayyam. En 1991 vemos aparecer Les jardins de lumière, que es un itinerario del profeta Mani, fundador del maniqueísmo. Al año siguiente Maalouf escribe Le premier siècle après Béatrice, un giro completo en su temático ya que se podría considerar casi como una obra de ciencia ficción.
En 1993 el escritor libanés obtiene el premio Goncourt gracias a Le rocher de Tanios y en el año 2010 gana el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y miembro de la Academia Francesa desde junio de 2011, ocupando la silla que antes había pertenecido a Claude Lévi-Strauss.
 Su obra Les échelles du Levant fue publicada en Francia en 1996. Uno de los aspectos que hay que señalar es la originalidad con la cual Maalouf presenta esta novela. En cuanto el lector abre el libro se encuentra con un efecto realista: el narrador le indica que la historia que le va a contar no le ha ocurrido a él, pero que sin embargo tratará de transmitirla con la mayor coherencia posible. El narrador se topa un día, en el metro parisino, con un hombre cuya cara había visto ya en una pequeña fotografía de un libro de historia. Esta intrigante persona tiene cuatro días para contar su vida a nuestro narrador, que con un cuaderno en mano va anotando todas las aventuras y peripecias que corre el protagonista. Es decir que tenemos dos planos narrativos, dos narradores. El primer narrador lanzándonos, poniendo en marcha lo que cuenta Ossyane, pero el discurso transmitido es el del propio Ossyane. Se trata, pues, de un estilo moderno, bastante parecido al periodístico, en el que el narrador principal sería el entrevistador y Ossyane el entrevistado.
 Pero lo más curioso es la manera en la que esta obra está dividida. Nos encontramos al principio frente a una introducción en la que Maalouf cuenta este curioso encuentro. A continuación el lector se introduce en París con estos dos personajes, protagonista y narrador, y los tres sabemos que sólo nos quedan cuatro días en esta ciudad, cuatro días para saberlo y anotarlo todo. De esta manera después de la introducción tenemos ocho partes que son los ocho momentos de esos cuatro días en los que Ossyane, el héroe, relata su vida, mejor dicho, no su vida, sino medio siglo antes de su nacimiento hasta el preciso instante en que se encuentra en París. Así el libro está dividido en Jueves por la mañana, Jueves por la tarde, Viernes por la mañana, Viernes por la tarde, Sábado por la mañana, Sábado por la tarde, Última noche y Domingo. A través de estos ocho capítulos el lector tiene la posibilidad de recorrer la historia del Líbano desde finales del siglo XIX hasta nuestros días con todo lo que ello conlleva, la agonía del Imperio otomano, problemas raciales entre judíos y árabes, a la vez que vemos partes de la historia reciente francesa como pueden ser las dos guerras mundiales, la Resistencia, etc…
 Además de atravesar la Historia de nuestro último siglo en Oriente Medio y en Francia, Maalouf nos refleja lo duro que puede ser una historia de amor entre una mujer judía y un hombre musulmán. Otro eje temático interesante puede ser el de las relaciones familiares en el seno de los Ketabdar, donde el padre es una especie de aristócrata revolucionario, la abuela una demente, el hermano un tirano…
 Las Escalas del Levante, un rótulo literario con el que Maalouf se refiere a las ciudades comerciales que a lo largo de la historia fueron puntos de contacto entre Oriente y Occidente, nos permite divisar desde la ficción un atractivo panorama de la historia de Oriente Medio y de la Francia ocupada, así como del conflicto árabe-israelí. A pesar de situarse tan lejos de nuestra geografía y de nuestra cultura, logramos entender los problemas de Ossyane y durante unas horas compartimos sus angustias, sus ilusiones, sus ideales…
 Además del testimonio histórico de la novela hay que señalar la sensibilidad profunda del protagonista, nunca aparece bélico ni rencoroso. También es importante percibir el grito de paz que emana de este libro, un grito de auxilio que parte del Líbano y que pide que judíos y musulmanes, negros y blancos puedan vivir en un mismo lugar sin que ello conlleve a conflictos.

miércoles, 23 de enero de 2019

LIQUIDACION FINAL 
(Petros Markaris) 


En los últimos tiempos con la habitual y casi siempre triste presencia en medios de la situación económica y social en Grecia, se ha hablado bastante de un escritor de lo que algunos han etiquetado como “novela negra política”, llamado Petros Markaris. 
LIQUIDACIÓN FINAL es la séptima novela de una serie protagonizada por el comisario Kostas Jaritos, comisario de homicidios de la policía de Atenas. Un tipo maduro que intenta sobrellevar su vida familiar con su mujer y su hija en plena crisis económica donde ni tan siquiera el sueldo de comisario de policía es garantía de cierta calidad de vida. 
Márkaris cuenta que no buscó a Jaritos, un desengañado policía ateniense que le sirve para hacer una representación crítica —que él califica de brechtiana—, de la sociedad actual. "Él vino a mí", dice y explica que después de haber estado escribiendo durante varios años los guiones de la serie televisiva Anatomía de un crimen, se sintió cansado de ella, pero el canal quería seguir y él accedió a prolongar su trabajo por seis meses, y fue entonces que le vino la idea del comisario. Para él mismo fue una sorpresa: "Como fui por largo tiempo un activista de izquierda, no tenía ninguna simpatía por los policías. En Grecia, habían sido sinónimo de fascistas... Pero de pronto, por primera vez, caí en la cuenta que esos pobres policías son pequeños burgueses, que tienen los mismos sueños de que sus hijos puedan estudiar para convertirse en doctores o abogados. Así se comenzó a desarrollar esta construcción: un crimen y una historia familiar contadas paralelamente". 
“Mientras los griegos ricos se las ingenian para no pagar impuestos, los griegos empobrecidos por la crisis sólo pueden indignarse ante el escandaloso fraude fiscal o desesperarse ante el empeoramiento de la situación. Sin embargo, un hombre ha decidido pasar a la acción y tomarse la justicia por su mano. El modus operandi del asesino consiste en mandar una carta a cada posible víctima, diciéndole que o paga la cantidad defraudada o se procederá a la Liquidación final. 
Entretanto, en la Atenas al borde de la quiebra, todo está patas arriba, excepto el Departamento de Homicidios. No hay crímenes, sólo rutina y burocracia. Cuando encuentran el cadáver de la primera víctima que se cobra ese peculiar justiciero, el comisario Kostas Jaritos casi siente alivio. Su jefe le ha hablado de un posible ascenso, pero de momento le han recortado el sueldo y su hija Katerina piensa en emigrar porque no encuentra trabajo. 
El asesino firma como el Recaudador Nacional. Si el defraudador paga, le envía una nota agradeciéndoselo. Si no paga, lo mata con cicuta y abandona su cadáver en recintos arqueológicos. El asesino encuentra un gran apoyo popular, incluso con colectas para pagarle sus honorarios de Recaudador, ya que en apenas unos días recaudó casi un millón de euros, mientras que el Ministerio de Economía era, paradójicamente, inútil en ese tema.” 
Lo más interesante son sus personajes y la forma en que Markaris describe con precisión la desesperanza de un pueblo que ha perdido tanto que incluso ha perdido la esperanza. Sobre todo los jóvenes, cuyo único futuro que se pueden plantear pasa por abandonar el país… 
Quizá el único argumento en contra sería la forma en la que todo se resuelve, el final es muy precipitado, como si la policía dependiera de la suerte para hacer bien su trabajo.

jueves, 17 de enero de 2019

“El hombre del revés” 
 (Fred Vargas) 


Es la novela más atípica hasta el momento de la saga Adamsberg. Hay algo que llama poderosamente la atención. Nuestro querido y venerado Comisario no aparece hasta el último tercio del libro, conformando los dos primeros tercios del libro una especie de novela paralela con mucho menos interés, aunque indispensable para encauzar la verdadera historia, que se escribe de forma magistral desde el momento en que Adamsberg toma el mando.
Las historias de Fred Vargas se caracterizan por sus personajes, siempre atípicos y poco sociables, y por sus asesinatos, tan poco comunes como espeluznantes.
En esta ocasión, un sanguinario lobo está haciendo estragos entre el ganado del Mercantour, un Parque Natural de los Alpes franceses. Sin embargo, los rumores de un posible hombre lobo por la zona se confirman cuando una pastora es brutalmente asesinada, poniendo tras la pista del licántropo a un trío de personajes de lo más peculiar. Camille, viejo amor de Adamsberg, se unirá en su búsqueda a Soliman, un inmigrante africano adoptado por la víctima, y al “Veloso”, pastor de la zona cuyo único hobby consiste en beber vino de su pueblo. Mientras la primera se relaja leyendo el “Catálogo profesional de herramientas”, el joven africano se dedica a memorizar el diccionario y a inventar fábulas. En resumen, un trío pintoresco acorde al prototipo de Fred Vargas.
Este trío es el protagonista durante dos tercios de la novela, hasta que aparece en la acción principal el Comisario Adamsberg. A partir de su presencia la novela coge mucho más ritmo. No dudo que la historia no tenga fuerza por sí misma, pero a un personaje como este hay que sacarle el jugo desde el principio, y junto a él al resto de sus compañeros, ya que en este caso sólo su lugarteniente Danglard aparece, y de pasada. “El hombre del revés” es una historia con una introducción demasiado larga, pero con un final de 150 páginas absolutamente brillantes; y que estamos ante una saga de una calidad altísima, gracias a un personaje como Jean Baptiste Adamsberg, a la altura de los más grandes.

 Fred Vargas, su verdadero nombre es Frédérique Audoin-Rouzeau, pero ha conseguido convertir el seudónimo de Fred Vargas en una auténtica institución de la literatura, en concreto de la novela negra. Escogió como seudónimo el de "Vargas", el mismo que escogió su hermana gemela Joëlle, pintora conocida bajo el nombre de Jo Vargas. Todo lector empedernido que disfrute de la lectura de libros de intriga debería, al menos, conocer las mejores obras de esta autora que todavía continúa asombrando al mundo con sus creaciones.
 Próxima parada… “Bajo los vientos de Neptuno”.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Kafka en la orilla 
Haruki Murakami) 


Afortunadamente no es la primera novela que leo de este autor. Empecé con “De qué hablo, cuando hablo de escribir”. Como me gustó porque comparto con el autor la afición por la lectura y la escritura, continué con “De que hablo, cuando hablo de correr”, porque también comparto el gusto por correr a diario. Una vez me familiaricé con él quise conocer su obra y comencé con “Hombres sin mujeres”, en él Murakami muestra la soledad de los hombres que han perdido a una mujer. Es un compendio de siete historias con las que pretende "transmitir el aislamiento y lo que este implica emocionalmente" de hombres que han perdido a una mujer. Reflexiona en todos estos relatos sobre la soledad que se experimenta antes, después o incluso durante una relación amorosa. Todos estos hombres son protagonistas, pero en verdad, son las mujeres las verdaderas protagonistas, son ellas quienes se aparecen en cada momento de sus soledades para atormentarlos, enamorarlos o imposibilitarlos, porque no hay dudas que la vitalidad de estos hombres pasa por ellas.
Mi curiosidad hizo que continuara con sus novelas, en esta ocasión “Kafka en la orilla” cayó en mis manos porque me pareció un título poderosamente atractivo. La novela cuenta dos historias que nunca se cruzan, y que sin embargo –y éste es uno de los grandes temas del libro– se comunican de manera inconsciente.
Los capítulos impares cuentan la historia de Kafka Tamura, un adolescente que, el día de su decimoquinto cumpleaños, decide fugarse de casa sin otra carga que una mochila y sin otra compañía que la voz de un chico llamado Cuervo; el adolescente se ha dado a sí mismo el nombre que lleva, y ese bautizo tiene que ver con la convicción de que Kafka quiere decir “cuervo” en checo; y de alguna manera las razones de la huida tienen que ver con una maldición que le ha lanzado su padre, según la cual Kafka repetirá el destino de Edipo, dando muerte a ese mismo padre y acostándose con su madre y su hermana.
Los capítulos pares, por su parte, se ocupan de Satoru Nakata, un hombre de sesenta años que, durante una excursión infantil a recoger setas, fue víctima de un coma colectivo que en la novela permanece inexplicado; al despertar, Nakata es el único de los afectados que ha perdido la capacidad de leer y la inteligencia en general, pero a cambio ha recibido el misterioso don de hablar con los gatos.
Conforme vas leyendo la novela piensas como se van a vincular ambos protagonistas, aunque el vínculo es metafórico. “El mundo es una metáfora”. Representa un proceso de maduración del que ambos protagonistas parecen huir.
Kafka es un adolescente, al que le cuesta madurar; pero Nakata es un viejo que se ha quedado de algún modo estancado en una vida infantil, y la señorita Saeki tiene la curiosa costumbre de aparecerse, con el cuerpo de cuando tenía 15 años, en la habitación donde duerme Kafka.
Es una novela que invita a seguir viviendo y a disfrutar de la vida. Exige al lector que se entregue y que se deje llevar. Es una novela atrevida, y conmovedora; quien no logre esta entrega, se quedará fuera, repitiendo como la señora Saeki: “El hecho de escribir ha sido importante. Aunque lo que haya escrito, como resultado, no tenga ningún sentido.” Murakami escribe sobre la dualidad. Pero no se trata de elegir, entre bueno y malo. No juzga, sólo apunta entre lo real y lo soñado. Y el mayor logro es que el lector no sabe cuál es cuál y puede elegir su propia postura. Como dicen los personajes: "No logras hallar la línea que separa los sueños de la realidad. Ni siquiera encuentras la frontera entre los hechos reales y las posibilidades. Lo único que sabes es que, ahora, tú te encuentras en una posición delicada. En una posición delicada y, peligrosa." Así se encuentra el lector después de encontrarse con Kafka en la orilla, tanto que una vez que terminas el libro no quieres empezar con otro hasta que no te tomas el tiempo necesario para digerirlo, reflexionando acerca de él, la música, los sueños, el dibujo de “Kafka en la orilla del mar”, de todos aquellos ingredientes de la cultura popular que el autor utiliza como guiños para atraer más a sus lectores.
El hombre de los círculos azules 
(Fred Vargas) 


Desde hace cuatro meses aparecen unos círculos de tiza azul acompañados de una frase de noche en las calles de París:
«Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?»
En el centro de los círculos aparecen objetos perdidos, objetos muertos ya sin dueño y pesados pues ante todo el misterioso autor de los círculos no puede permitirse el lujo de dejar que el viento se los lleve y destruir su obra.
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg sigue la pista en todos los periódicos, siente que el misterio de los círculos no acabará aquí y que pronto el mal augurio que llevan consigo acabará en algo peor. Un día el cadáver de una mujer degollada en el centro de uno de los círculos le dará la razón, la primera víctima Madelaine Chatelain, soltera sin demasiada variedad ni nada significativo en su vida, aparentemente una muerte sin sentido. El inspector Danglard ayudará a su nuevo jefe a llevar la investigación sobre `el hombre de los círculos azules`. Pueden sospechar por los indicios en un solo autor de los hechos ya que el cadáver no mancha con su sangre, ni roza la línea de tiza azul, demasiada casualidad.
Jean-Baptiste Adamsberg es un policía de lo más peculiar y raro, pero ha llegado a convertirse en comisario de uno de los distritos de Paris. Su estilo es poco académico, se basa en la intuición y en lo que le producen los sospechosos. Es un personaje enigmático con una vida privada tan desordenada como desconocida, que le hace chocar con sus compañeros, como con el inspector Danglard, pero que, viendo el éxito de sus misiones, al final todos tienen que reconocer su valía.
La novela negra de Fred Vargas se basa, como todas, en la resolución de uno o varios asesinatos, pero su forma de escribir es distinta, lo que hace que sus novelas sean especiales. Leer a Fred Vargas no es sencillo, pero merece la pena. Sus personajes son difíciles para el lector, poco abiertos, y más huraños que de costumbre. De Adamsberg, Mathilde o Charles, sabemos poca cosa, ya que a la autora no la interesa ponernos en antecedentes, La trama va despacio, avanzando y dando giros imprevisibles sólo cuando le apetece a la autora. Y aún con todo esto, la lectura es muy buena.
Fred Vargas, seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau, es una escritora francesa. Vargas es licenciada en Historia y Arqueología. Sus novelas se desarrollan habitualmente en París, siendo su protagonista el inspector jefe Adamsberg y su equipo. Sus novelas han sido traducidas a varios idiomas, y ha obtenido numerosos premios internacionales como reconocimiento a su obra, como el International Dagger, el Premio de las Librerías Francesas o el 813 a la mejor novela en francés. En el año 2018 obtuvo el Premio Princesa de Asturias de las Letras.
Además, parte de la obra de Vargas ha sido adaptada al cine y a la televisión.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Caperucita en Manhattan 
(Carmen Martín Gaite) 


Martín Gaite dibuja “muchos de los trazos del perfil psicológico de sus heroínas infantiles o adolescentes”. La protagonista, Sara Allen es una niña con “complejo de superdotada” que observa la realidad que la rodea con ojos muy críticos, que no aguanta la monotonía de su rutina familiar, y que tiene un ansia de aventuras y libertad. La segunda parte de la novela precisamente se titula “La aventura”, y describe las andanzas de Sara por Nueva York, en compañía de Miss Lunatic; pero durante toda la primera parte, cinco capítulos, somos testigos de cómo Sara-Caperucita se refugia en el mundo de sus lecturas, de la ficción, para satisfacer esas ansias de libertad.
 En su inocencia infantil, Sara todavía no ha aprendido a separar la realidad de la ficción. En su mundo, la fantasía ocupa un lugar de honor. Los personajes de la ficción y los reales, en ese mundo, están en un mismo plano y, con frecuencia, yuxtapuestos.
Carmen Martín Gaite decía en su obra El cuarto de atrás que “la literatura es un desafío a la lógica”; esta mezcla entre realidad y ficción que caracteriza el mundo de Sara Allen es una muestra de ese desafío. Los tres primeros libros que Sara-Caperucita lee son las historias de Robinson Crusoe, Alicia en el país de las maravillas, y Caperucita Roja. Las aventuras de estos personajes le permiten escapar de su realidad, de sus limitaciones. Por diferentes que sean estas tres historias, la niña ve en ellas lo que tienen en común, se convierte en una crítica literaria. Aunque no tan distintas, porque la aventura principal era la de que fueran por el mundo ellos solos, sin una madre ni un padre que los llevaran cogidos de la mano, haciéndoles advertencias y prohibiéndoles cosas. Por el agua, por el aire, por un bosque, pero ellos solos. Libres. Y naturalmente podían hablar con los animales, eso a Sara le parecía lógico. Y que Alicia cambiara de tamaño porque a ella en sueños también le pasaba. Y que el señor Robinson viviera en una isla, como la estatua de la Libertad. Todo tenía que ver con la libertad.
Esta obra está contada en tercera persona, por un narrador omnisciente, que no forma parte del mundo que describe, pero que conoce absolutamente todos los detalles de ese mundo. Se trata de un narrador que es un tanto parcial, de todos modos, pues permite que el final de la historia en la que Sara es protagonista sea diferente. No necesita regresar a su realidad cotidiana, su aventura se continúa: gracias a una moneda que le da Miss Lunatic, puede llegar, a través de una alcantarilla, a la Estatua de la Libertad.
Las aventuras de Sara, como las de Robinson, Alicia, o Caperucita, tienen que ver con la libertad; pero en esta nueva Caperucita la fantasía vence a la realidad, la literatura desafía a la lógica. Todas estas casualidades tienen a Sara como centro, ya que todos los personajes importantes de la trama de esta novela se encuentran por medio de la niña. Ese narrador externo al mundo narrado, quien manipula todos sus hilos, no es objetivo; gracias a todas esas coincidencias, puede la fantasía predominar sobre la lógica.
El espacio en el que transcurren las obras es otro aspecto que es interesante comparar. Para llegar desde su propia casa a la casa de su abuela, la Caperucita tradicional debe atravesar un bosque, un espacio peligroso por su naturaleza (oscuridad, frondosidad, animales que lo habitan, etc.), pero también por lo que simboliza. El bosque de Caperucita en Manhattan es mucho más grande: la acción transcurre en la ciudad de Nueva York, y el bosque incluiría todas las calles del trayecto entre Brooklyn y Manhattan que Sara y su madre recorren todos los sábados cuando van a visitar a Rebecca Little, la abuela. Vivian Allen se siente atemorizada ante este viaje, y siempre agarra fuertemente la mano de su hija, para protegerla. Por el contrario, Sara se siente viva durante esos viajes, atenta a observar absolutamente todo lo que la rodea, porque rompe su monotonía y le muestra la pluralidad del mundo. En particular, Central Park es motivo de temor para la madre, pues, según las noticias ciudadanas, hay un delincuente suelto (“el vampiro del Bronx”). Por el contrario, tanto Rebecca Little como Miss Lunatic animan a Sara a descubrir ese espacio (del mismo modo que la animan a hacer uso de su imaginación). Caperucita en Manhattan termina de forma diferente al cuento tradicional que parodia.
La Sara Allen crítica literaria de narraciones infantiles, se siente decepcionada ante el final de las obras que lee, como hemos indicado anteriormente. Después de hacer volar la imaginación con sus aventuras, a los personajes (y a sus lectores) se les obliga a regresar al mundo real, regido por la lógica, no por la fantasía. Eso no puede ocurrir con la historia de la propia Sara. Miss Lunatic da a Sara-Caperucita una moneda que, insertada en una ranura determinada, va a permitirle llegar a la Estatua de la Libertad, continuando sus aventuras lejos de las limitaciones impuestas por su protectora madre. Sin duda alguna, el tema de la libertad, y el de la frontera entre realidad y fantasía, protagonizan esta novela. Si por un lado tenemos la reflexión anteriormente citada, también tenemos en este final una referencia obvia a Alicia en el país de las maravillas. La Sara que se introduce por la alcantarilla en busca de la Libertad está iniciando un viaje fantástico que será, tal vez, similar al de Alicia. La obra de Carroll está muy presente en este final de la novela, pero sus ecos nos han perseguido a lo largo de toda ella. La libertad para ser ella misma es lo que espera a Sara al otro lado del túnel.
 Caperucita en Manhattan se presenta como una novela ágil con la que Martín Gaite ofrece su particular perspectiva del cuento infantil. Un viaje cargado de escenas emotivas, de momentos entrañables y de recuerdos, en una dulce y sabrosa combinación que surtirá efecto en la vida de cada uno de los personajes, marcando de nuevo el camino a seguir. Después de todo, los patrones no tienen por qué repetirse. Y si eso sucede, siempre podrás tomarle la mano a la pequeña Sara y gritar con ella:
 - «¡Miranfú!»
 Descubre su mundo, ella te contará encantada el significado de su mensaje.
Una delicia de lectura, una evocación a nuestro lado más tierno e ingenuo, que no viene mal en estos tiempos de prisas y feroz materialismo.

jueves, 11 de octubre de 2018

El despertar 
(Kate Chopin) 

La vida de Kate Chopin parecía que iba a ser muy normal. Nació en Saint Louis (Missouri) en 1851 y a los 19 años se casó con un banquero de Nueva Orleans, donde vivió gran parte de su vida, de modo que tanto el paisaje del sur, como las costumbres criollas estuvieron muy presentes en su obra.
La vida de Chopin dio un vuelco cuando falleció primero su marido y después su madre. Entonces, empezó a escribir. Publicó una novela, At Fault, y dos libros de relatos, Bayou Folk (1984), y A Night in Arcadia (1897), así que cuando se publicó El despertar (The Awakening) en 1899, cinco años antes de la muerte de la autora en 1904, esta ya era una personalidad reconocida. Ahora bien, El despertar llegó más lejos que cualquiera de sus obras anteriores. De inmediato, los lectores y críticos contemporáneos de Chopin, incluso quienes ya conocían su obra previa, se dieron cuenta de que El despertar no era una novela más: estaba llena de elementos subversivos. Chopin había tomado la novela de adulterio tradicional y la heroína enamorada del amor habitual, y la había diseccionado para crear otro ser e insuflar vida a un personaje que cuestionaba tradición y convenciones.
Inmediatamente (estas reacciones viene de muy antiguo), se descalificó la obra por feminista y escandalosa. Incluso se la tachó de obscena, porque la protagonista, Edna, exploraba su deseo sexual sin remordimiento. No obstante, pese a todas estas críticas, pocos llegaron a dudar del talento literario de la autora (al contrario de lo que ocurriera, por ejemplo, con las hermanas Brontë); más bien, algunos críticos lamentaban que Chopin desperdiciara su talento escribiendo algo tan deleznable, en su opinión, como El despertar.
Como la transgresora protagonista de su novela, Kate Chopin también pagó caro contradecir la tradición. El despertar fue retirada de la Biblioteca de St. Louis, y a Kate Chopin se le prohibió la entrada al Club de Bellas Artes de St. Louis.
Dos años después de la muerte de Chopin, es decir, en 1906, la editorial volvió a imprimir la novela, y sus ejemplares se agotaron. Tuvieron que pasar más de 60 años, 63 concretamente, para que la obra volviera a publicarse en Estados Unidos, y en 1976 se publicó la primera edición crítica. A España llegó de la mano de Hiperión en 1986, en la edición antes citada. Y siguiendo la corriente de estudios críticos que han reivindicado la obra de Chopin, como precedente incluso de D.H. Lawrence, y la han analizado exhaustivamente, en España es ahora una obra que se lee en las facultades de literatura inglesa.
En 2011, Alba publicó, de nuevo de la mano de Olivia de Miguel, sus obras completas traducidas en un solo volumen. "Virtudes y elogio de una adúltera casual: Edna Pontellier despierta".
El despertar trata una temática feminista. Visto en perspectiva, las críticas eran esperables y lógicas. Con la creación del personaje de Edna Pontellier, mujer que toma consciencia de sí misma como sujeto libre, que cuestiona el papel tradicional de la mujer como esposa amantísima y que, incluso, se atreve a dudar y relativizar sus sentimientos de madre, Kate Chopin disparaba a los cimientos de la ética puritana burguesa. Y además no se podía recurrir a la descalificación literaria. Chopin era una mujer culta, bilingüe, traductora por ejemplo de Guy de Maupassant. Por tanto, conocía a la perfección el canon y sabía cómo atacar sus convenciones con sus propias armas. De ahí que El despertar se considerara tan peligroso.
Mrs. Pontellier decide explorar las posibilidades de su libertad en todas las facetas de su vida, incluida la sexual, sin que la autora lo repruebe en ningún momento, al contrario. De hecho, el adulterio en esta novela no es más que una anécdota. La verdadera subversión reside en que una mujer tome consciencia de su ser como sujeto, y como tal reclama una serie de derechos. En consecuencia, también, empieza a desatender las convenciones que la aburren soberanamente (lo que se ejemplifica Chopin con gran sutileza e ironía cuando se explica que Edna deja de atender a la visitas, y de devolverlas).
Edna no vive ninguna ensoñación, ni espera encontrar la felicidad en brazos de otro hombre. Busca una vida que la llene, que la haga sentir completa; quiere vivir una vida consciente, tomar sus propias decisiones y tomar riesgos fuera de jaulas de oro. Cito unas líneas de la novela que resumen su esencia: «En resumen, Mrs. Pontellier estaba empezando a ser consciente de su posición en el universo como ser humano y a reconocerse como individuo en su relación con el mundo exterior y su propio mundo interno».
Uno de los momentos más bellos de la novela se produce cuando Edna se entrega al mar, para nadar, y allí, en plena comunión con la naturaleza, se siente libre de toda atadura.Todos vivimos limitados y constreñidos por convenciones sociales, por ese terrible “qué dirán” y la necesidad de preservar el orden de las cosas tal y como está. Edna se abre paso a lo largo de la novela, y se compara, por ejemplo, a otras mujeres que sí son felices siendo esposas amantísimas, y ve lo diferente que es de ellas. Es decir, toma conciencia de su diferencia como sujeto. Tampoco se ve como una cínica amargada y resentida. Ni está dispuesta a dejarlo todo para ir detrás de un hombre. Y poco a poco, desde su cuarto propio, un pequeño ático que ella llama el palomar, se da cuenta de que nunca podrá ser libre, y vuelve al mar y a la naturaleza por última vez para llevar a cabo la reivindicación última de su libertad. Se adentra en el océano para morir. Opta por el suicidio como salida, pero no impulsada por circunstancias económicas o de honor.
Edna intenta librarse de las ataduras de su hogar, salir de esa jaula donde la mantienen como un bello ruiseñor, pero solo consigue acabar en otra jaula, un ático al que no casualmente llama palomar. En definitiva, es consciente de que en ese mundo nunca va a poder ser libre, ni vivir plenamente. Y tras su despertar, no puede volver a la vida, al papel al que la sociedad de su época la relega. Su mente es libre, pero una mujer normal, que ha dejado a su marido y a sus hijos, nunca podrá llevar una vida plena en el Nueva Orleans del Fin de Siglo. Así que Edna opta por entregarse al lugar en el que se sintió libre por primera vez, el mar: allí decide acabar su vida, en un acto de serenidad y de comunión con la naturaleza, con la que se funde en un acto de desprecio definitivo a las convenciones.
El despertar está lleno de imágenes bellísimas, porque la prosa de Chopin es reivindicativa, sí, pero también ágil y poética, capaz de decir mucho con esa sencillez elegante que utilizan los maestros escritores.
En El despertar podrán verse reflejados en el viaje de autodescubrimiento de Edna, sean ustedes hombres o mujeres: ¿Qué hay más humano que querer ser feliz sin renunciar a ti mismo? Pues ese, señores lectores, es el único deseo y pecado de Edna Pontellier, y lo fue también, al publicar El despertar, el de Kate Chopin. Pero ese pecado es también una de las maneras más seguras de hacer historia en la literatura.